lunes, 14 de enero de 2013

Mañanita de niebla

  Son las 7 de la mañana cuando me dispongo a realizar el paseo diario. Hoy el circuito será: Donostiarra, Parque de los molinos, Juan Carlos I y vuelta, en total 18 km. La particularidad del hoy es  la conjunción de frío, niebla y hielo.

   Subo por el borde  del parque Calero, no se ve a nadie, a lo lejos se adivina una figura fantasmagórica, que al acercarme se convierte en un empleado de la limpieza que se vuelca sobre un montón de hojas secas.


   Continúo por el polideportivo de la Concepción y aquí los coches están recubiertos de conchas de hielo. Según me aproximo a la calle Arturo Soria la temperatura baja sin compasión.
    Enfilo la calle Siro Muelas y aquí tengo que caminar por el centro de la calzada; el hielo se ha apoderado de las aceras y se convierte el caminar en una actividad peligrosa.



  Intentando no caer, llego a la puerta del parque de los molinos, es noche cerrada y con la niebla ya diría que clausurada. Los caminos de tierra están helados. Sin parar de andar, me dirijo al interior del parque con un cierto miedo a caerme, al entorno, a que salga alguien, o yo qué sé.
   Por fin llego a la puerta de salida que me da acceso al hotel Meliá y a los bloques de oficinas que hoy parecen molinos de cristal.


  Cruzo la carretera de Barcelona por el puente elevado, el aire helado martillea mis sienes y creo que voy a perder las orejas. Miro las mangas de la sudadera y están cubierta de ligero manto manto blanco.
   Bajo lo mas deprisa que puedo por la avenida de los Andes, quedan atrás las cafeterías Mallorca y Rodilla, que preparan las viandas que un poco mas tarde servirán a sus clientes.


Paso frente al centro hipercor, cruzo el anillo verde y una autovía que no se como se llama, ni me interasa la verdad. Paso junto a un expositor de un formula 1,custodiado por un vigilante de seguridad, me mira y adivino su incredulidad de que un ser humano y a esas horas ande por allí.




Son las 8'30 y me encuentro a las puertas del Juan Carlos I, me dispongo a rodearlo, misión que me llevará una hora. 





Paso paralelo al aparcamiento y bajo por una cuesta que me dirige al auditorio, dejo atrás estanques de decantación que terminan en un gran lago con  escultura de "chatarra retorcida". Continúo hasta la puerta de entrada del capricho y giro a la izquierda en busca de otro estanque.





        
   Al fondo, bajo el puente están dos pescadores intrépidos, envueltos en mantas y con mas frío que yo. Avanzo por el paseo arbolado, comprobando como se acercan puntos difusos que poco a poco se convierten en corredores.
   Compruebo cómo de los olivos que me rodean ahora  solo cuelgan gotas de agua, las aceitunas han desaparecido.
    Paso revista al bosque de almendros japoneses que se abrigan con mantas de arpillera, pobrecillos no están acostumbrados a estos rigores.  
     

     Llego a la parte baja del campo de golf del olivar y ahora camino junto a la valla. Hoy no han dado salida, entre la niebla y el hielo: no se puede jugar. Al otro lado de la cerca metálica, veo la salida del 15,¡ qué golpe más torpe que dí la ultima vez! 

    Salgo a una gran avenida que sube hasta un puente que cruza un brazo de agua y, en seguida, bajo un nivel y  bordeo otro gran estanque. 
    Ahora procedo a subir una cuesta que me llevará a la puerta de entrada cercana al pabellón 12 de IFEMA: hoy no  se ve la nueva ciudad deportiva del Real Madrid.
   Estoy terminando la vuelta y las piernas empiezan a protestar un poco, -bueno, ahora llega una bajada y descansáis un poco...-  Ya sabéis, cuando se camina tanto, la mente se disocia y habla con el propio cuerpo, cosas que pasan.    


   Estoy saliendo del Juan Carlos, dejo los columpios vacíos de niños y abarrotados de niebla.


    Son las 9,30  de la mañana, el regreso lo realizo por el mismo camino, la diferencia estriba en que ya hay más coches, más gente andando desayunando y dando ... guerra a los caminantes impenitentes 

que recorren la ciudad.




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