domingo, 8 de marzo de 2015

Aquí huele raro.

      Hay situaciones, hechos que, sin saber por qué, sin tener pruebas, sin delito aparente y sin vulnerar la ley, no te dan buena espina. Desprenden un tufillo fétido casi imperceptible, pero que lo envuelve todo. No pasa nada, pero oler, huele. 
     En estos casos se recurre siempre al dicho de: "La mujer del Cesar además de ser decente, debe parecerlo" y se da el asunto por zanjado. 
      Con la elección de Esperanza Aguirre para encabezar las listas del Partido Popular en el Ayuntamiento de Madrid, pasa algo parecido. 
     Hay un olor a podrido en el ambiente que por momentos se hace irrespirable. Resulta que algunas de sus personas de confianza, están imputadas, investigadas y, más de una, encarcelada. No obstante, doña Esperanza manifiesta abiertamente ser ignorante, no saber nada, y todo ello siendo ella su máxima responsable, su superior políticamente hablando. La ignorancia. Eso es, la ignorancia. La ignorancia comprobada durante sus nefastos años al frente del Ministerio de Educación, el abandono a sus votantes en la Comunidad de Madrid y por último y más grave, la actitud contraria a la que debe observar el verdadero político. Me estoy refiriendo al egoísmo, frente a lo que debería ser la generosidad, la entrega  al servicio desinteresado a la comunidad, al bien común. 
    El episodio de la Gran Vía define perfectamente quién es la señora Aguirre y qué se puede esperar de ella.
     Que tiene que parar en plena Gran Vía madrileña, en el carril bus, porque necesita dinero..., pues se para. Que tiene que irse antes de  que los agentes terminen de su trabajo, pues arranca y se va; que derriba una moto propiedad del ayuntamiento de Madrid en su precipitada marcha, pues se tira y se marcha. Que tiene que agarrarse a todos los tópicos para justificar lo injustificable, pues se agarra. Qué importa acusar a los agentes de machistas, de abusar de una sexagenaria, de acoso policial, de mentir, de formar un circo mediático, no le importa nada  de nada.
   Su mundo es ella, primero ella, después ella y al final ella. Ella, por encima de todo. Y el tufo a metano envolviéndolo todo.

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