Por avatares del destino me encontré con una cuenta corriente en el BBVA. Nuunca me he preocupado de ella, no he ingresado, ni he retirado dinero, no tengo cartilla, ni tarjetas, ni tan siquiera he mirado el saldo por internet. El único movimiento anual ha sido, durante muchos años, la comisión que me ha cobrado esta entidad tan respetada y que responde por el nombre de BBVA.
Una aclaración antes de continuar: la cuenta tiene muy poco dinero.
Pues bien, desde hace una temporada, me bombardean con amenazas de bloquearme la cuenta si no facilito a la entidad bancaria unas determinadas informaciones tales como unas fotocopias del DNI y de la declaración de la Renta. Todo ello bajo el escudo de la Ley de Protección de Datos, del Blanqueo de Capitales y no se cuantas gaitas.
Pues bien, desde hace una temporada, me bombardean con amenazas de bloquearme la cuenta si no facilito a la entidad bancaria unas determinadas informaciones tales como unas fotocopias del DNI y de la declaración de la Renta. Todo ello bajo el escudo de la Ley de Protección de Datos, del Blanqueo de Capitales y no se cuantas gaitas.
Ante tanta insistencia y entendiendo que, si quiere alguien vigilar el blanqueo y encontrar bolsas de podredumbre, no deben mirar en mis míseras cuentas corrientes, he decidido cancelar la cuenta en cuestión.
Esta mañana temprano me he duchado, afeitado y me he colocado los trapitos de acristianar. He desayunado fuerte por si era menester y a eso de las diez cruzaba las puertas de la sucursal. He tenido que esperar a que los dos empleados de ventanilla terminaran su cháchara particular, ignorando mi presencia como si fuera un formulario más del mostrador,y tras saludar hasta a la señora de la limpieza que ha pasado por allí, se han dignado darme los buenos días y preguntar qué deseaba. Normal, no esperaba un comportamiento mejor, yo tan solo soy un cliente del BBVA.
De forma telegráfica les he indicado que deseaba cancelar la cuenta. Las bocas se han cerrado de repente y los ojos de la empleada se han clavado en la pantalla. Durante más de diez minutos, creo que ni siquiera ha parpadeado, menos mal que no tenía varios cientos de millones de euros en la cuenta. Pasado este momento místico en el que yo esperaba ver levitar a la empleada hasta la altura del techo, me ha lanzado a la cara la cantidad que me iba a entregar y dos o tres documentos para su firma.Solo he podido balbucear: "¿Así?,¿sin papeles? ¿Me han cobrado alguna comisión?" A lo que la diligente empleada, de forma tajante y marcial, me ha contestado que por supuesto, que me cobraban diez euros. Encima me ha puesto delante de las narices otro papel para que , sin más dilación, lo firmase.
En fin, para qué perder tiempo y dinero. He salido de la sucursal, me he sacudido los pies para no llevarme ni el polvo y me he prometido no volver por esa santa casa de nombre BBVA y con unos métodos de trabajo más acordes con los del patio de Monipodio.
Tan solo me queda animar a los faceamigos a cancelar las cuentas del BBVA y de otras entidades de la misma calaña. Entidades que disponen de nuestros dineros gratuitamente y. no contentos con el regalo, nos cobran comisiones por negociar ellos con lo nuestro y quedarse con los intereses. No al BBVA
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