En mi última visita a Bankia me ofrecieron un producto novedoso que se llama la cuenta avanza. La cuenta avanza es la contra ofensiva a la cuenta naranja del ING y consiste en remunerar con un 1% los incrementos de la cuenta durante tres meses, y el resto del tiempo con un 0,50%. Que te ofrezcan un 0,50% en cuenta corriente ya es notorio, el 1% es apoteósico para los tiempos que corren.
Esta super oferta no se la hacen a cualquiera, tienen que detectar que el cliente mantiene dinero en el ING, en concreto, en la cuenta naranja y que además se está produciendo un trasvase de dinero de Bankia al ING.
Hasta aquí los métodos de trabajo y los intereses ofrecidos nos puede parecer mejor o peor, podemos aceptar o rechazar la oferta, sentirnos desgraciados o felices por no recibir tal oferta, estamos en nuestro derecho.
A lo que no hay derecho es -y no tiene perdón de Dios-, a que ayer compro una televisión, la pago al contado con una tarjeta Bankia y cinco minutos después recibo un mensaje en el móvil proponiéndome un aplazamiento del pago en nueve meses a un interés del 22%. Sí, sí, has leído bien: un 22%.
Está fuera de toda lógica que dejar tu dinero no valga nada (un 0,50% o un 1%, si eres un verdadero afortunado) y que te presten el dinero de otros o incluso el tuyo, te cueste un 22%. Señores, esto no se si es usura, pero sin lugar a dudas es un despreciable delito moral.
No entramos ni tan siquiera a considerar que a los bancos les estemos pagando los agujeros que ellos mismos han cavado. Lo más lamentable es que, en breve, repartirán beneficios a sus accionistas, aunque a sus espaldas arrastren a una legión de humildes preferentistas engañados, desahuciados y arruinados. ¡A la mierda, hombre! ¡A la mierda!

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