Entre los pitos y las flautas ¿Qué?
Entre pitos y flautas está el silencio, el sosiego, la inteligencia, la valentía, el saber estar, la educación, el respeto a los demás, el civismo y un montón de características que identifican a las personas de bien.
Primero vamos con los de los pitos:
Pitar un himno nacional, así, a secas, supone un desprecio y una ofensa hacia los habitantes de ese país. Pitar el himno de tu propio país constituye un acto de auto-agresión a tu misma persona; hacerlo ante un grupo de conciudadanos del mismo país supone provocar una reyerta entre unos y otros. Pitar el himno en la final de la copa del Rey de este país, del país de todos, es una aptitud simple, obtusa y aborregada.
Es muy respetable que alguien no se sienta de un país, que quiera la independencia, que no le guste un himno y una bandera... pero, señores, yo no entiendo qué hacen ustedes en la final de la copa de un país al que no quieren. Es incomprensible que paguen la entrada a la federación de un país de que abominan; es inaceptable que celebren la victoria o que lloren la derrota en una competición deportiva que representa al tan odiado país que tanto les incomoda. ¿No les parece estúpida esta actitud?
¿No es más coherente que retiren a sus equipos del país tan odiado cuyo himno ha de presidir, necesariamente, los partidos? ¿No harían más fuerza en sus reivindicaciones, no asistiendo al encuentro celebrado bajo los auspicios del país opresor? ¿No les parece más razonable hacerse objetor fiscal o renunciar a sus puestos de trabajo en la administración de tan abominable estado? ¿No se ejercería más presión negándose a percibir las becas o las ayudas estatales o...? Seamos serios.
Ahora vamos con los de las flautas:
Intentar sancionar los pitidos proferidos en contra del himno nacional en un estadio con más de 50.000 espectadores, donde el organizador es la Federación Española de Fútbol, el equipo local, no es local, y el visitante tampoco, es cometer un acto de auto-agresión, ya que solo pueden castigarse a sí mismos, o lo que es peor, al país supuestamente ofendido.
En resumen, señores de pitos y de flautas, sus actitudes son casi, casi iguales, -casi iguales de cerriles y ultramontanas-.
De tal manera que , como muchas veces sucede, lo mejor es hacer caso al sapientísimo refranero cuando dice: "No hay mayor desprecio que no hacer aprecio".
De tal manera que , como muchas veces sucede, lo mejor es hacer caso al sapientísimo refranero cuando dice: "No hay mayor desprecio que no hacer aprecio".
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