domingo, 31 de mayo de 2015

Ermita de San Antonio de la Florida


   La ermita de San Antonio de la Florida es la única superviviente de las tres ermitas dedicadas a San Antonio de Padua que hubo a las afueras de Madrid (esta de la Florida, Alemanes y Retiro).  Fue catalogada como monumento histórico-artisitico en el año 1905. La denominación de la ermita, debería ser desde comienzos del siglo XX, en plural, es decir: las Ermitas de San Antonio. Son dos ermitas similares que desde 1929 se han especializado en dos vertientes: una de ellas ofrece al público las decoraciones murales obra de Francisco de Goya (siendo además museo y panteón del pintor), mientras que la otra está habilitada sólo para el culto religioso.

    Desde el siglo XIX se celebra en sus cercanías la verbena de San Antonio de la Florida cada 13 de junio , que con el tiempo se han ido convirtiendo de  romería en verbena. Verbena que ejecuta todavía el ritual de los trece alfileres, así como la recogida de panes del santo. Estas dos ermitas, junto con la de San Isidro y de la Virgen del Puerto son las únicas supervivientes en Madrid a comienzos del siglo XXI.

   Carlos IV adquiere el cercano Palacio de la Florida,  para construir en sus terrenos una finca de recreo real. Las obras de la Real Posesión de la Florida comenzaron de inmediato, entre 1792 y 1792, abarcando en el proceso constructivo también a la cercana ermita diseñada décadas antes por Sabatini. Esto supuso el derribo de la ermita. Carlos IV encarga al arquitecto Filippo Fontana el diseñó de una nueva ermita, Filippo fue compañero de Sabatini en los primeros instantes de su carrera en España. En 1792 el propio rey pone la primera piedra de la ermita, incluye en el evento una cápsula del tiempo consistente en unas monedas de oro con su efigie. Las obras finalizaron en 1798, y consistieron en un despiece y recolocación con algún posible registro interpretativo por parte de Fontana. Del palacio de la Florida no se ha conservado nada en la actualidad, ya que fue destruido en el siglo XIX con motivo de la construcción de la nueva Estación del Norte.


   
    Las dos ermitas tienen un estilo arquitectónico neoclásico. La planta es de ceuz griega, la reproducción de ambas ermitas corresponde al tercer diseño de la ermita que hizo Filippo de Fontana. Las cubiertas están rematadas por cúpulas acabadas en vistosas linternas, y soportadas sobre pechinas. Ambas ermitas están distribuidas en simetría respecto al plano principal de la plaza donde se ubican: formado por la calle que atraviesa el paso a nivel de la Florida. Los altares son de estuco italiano, rematados por esculturas de ángeles de José Ginés. En el altar mayor, Cristo de marfil y carey del siglo XVIII.


La sobriedad de la arquitectura, tanto interior como exterior, cede el protagonismo a pinturas al freco con pinceladas al temple de Goya. El aragonés, como pintor de cámara, fue el encargado de realizar la decoración de la ermita, trabajo que llevó a cabo en seis meses, entre agosto y diciembre del año 1798. El trabajo no se realiza al estilo de Andrea Pozzo (jesuita italiano) tan popular, se acerca más a un visión fantasmagórica y onírica propia de Goya. Todos los frescos se encuadran en la denominada quadratura.

En la bóveda del ábside representó a la Adoración de la Trinidad. Sobre la cornisa recorren los paramentos del templo querubines y ángeles femeninos que sostienen cortinajes. La parte de los frescos que atrae la mirada de los visitantes son las pinturas de la cúpula, donde se encuentra representado uno de los milagros de San Antonio de Padua, en el que trasportado por ángeles a Lisboa (ciudad natal de santo), por la gracia divina hace que un difunto conteste a las preguntas del juez y confirme la inocencia del padre del santo, quien había sido acusado del crimen. La cúpula tiene 6 metros de diámetro.

Las figuras del difunto, los padres del santo y el propio santo sobre una roca están distribuidas por la cúpula. Cerca del óculo se aprecia paisaje, consiguiendo la ilusión de estar a cielo abierto. El pueblo de Madrid observa el milagro: majas, chisperos, caballeros embozados... charlan o miran atentamente, apoyados en la barandilla que recorre la base de la cúpula, consiguiendo grandes dosis de realismo, tanto por la perspectiva como por la viveza con la que están representados. Para la elaboración de estos frescos, Francisco de Goya recibió la colaboración de su ayudante Asensio Julía.
  Goya utilizó un nuevo camino en su arte con una técnica avanzada, de pincelada suelta y enérgica, con manchas de luz y color y fuertes contrastes, al modo de una aplicación pre-impresionista, que hizo a esta obra la cumbre de su pintura mural. Popularmente se la suele conocer como la "Capilla Sixtina de Madrid".
   A los pies del presbiterio se encuentra el panteón del pintor, en la que se conserva la lápida que tuvo en el cementerio de Burdeos, ciudad en la que falleció. Junto a él está enterrado Martín Miguel de Goicoechea, su gran amigo. El 29 de septiembre de 1919 fueron enterrados juntos, para evitar un posible error en la identificación de los restos mortales. El cuerpo de Goya carece de cráneo, pues probablemente fue separado del tronco para la realización de análisis frenológicos.











No hay comentarios:

Publicar un comentario