jueves, 3 de septiembre de 2015

¡Hay que abrir puertas y ventanas!


   Aylan y Galip huían de la sin razón de la guerra. Querían dejar atrás el fanatismo religioso, los intereses armamentísticos de las potencias, la barbarie, la desolación...
   Aylan y Galip tan solo querían vivir en paz. Miraban a occidente como la tierra prometida, la tierra  en la que mana leche y miel. Ellos tan solo ansiaban tener una vida normal.
   Mientras tanto, occidente, desde su pedestal de barro, mira con indiferencia la problemática de un pueblo, de unos pueblos, que piden ayuda a gritos.
  No se puede perder el tiempo en calcular cuotas, repartos, números. Es el momento de actuar, actuar como se actúa con un hermano en peligro, como actúan los países "civilizados" cuando les interesa recibir mano de obra barata. Es el momento de aplicar la consignas que se predicaban cuando el problema migratorio parecía que solo afectaba a Italia y España. 
   No se puede consentir ni un solo muerto más. La muerte de un solo emigrante es la muerte de todos nosotros. Aylan y Galip  nos han puesto ante un espejo, y a mí no me gusta lo que veo. 
  Los pueblos debemos apartar a nuestros gobernantes parapléjicos y provocar  una oleada de solidaridad que permita que nuestros hermanos en problemas puedan vivir en paz junto con sus hijos. 

                         

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