sábado, 27 de abril de 2013

Camino de VILLAFRANCA.












 Hoy es el día esperado. Atrás quedan ampollas, tirones, calambres, kilómetros y kilómetros. Parece mentira que estemos en dirección al punto de salida: Villafranca del Bierzo.    
Autocar de ida
     Son las tres de la tarde, vemos cómo se aleja el autocar que nos ha traído hasta aquí. Delante de nosotros está Villafranca. Nos echamos las mochilas a la espalda y caminamos en busca del hotel. Tenemos que atravesar el pueblo de punta a punta y comprobamos lo que hubiéramos pasado de tener que cargar con las mochilas.  
     Por fin llegamos a Casa Méndez. El sitio, solo  por el hecho de poder soltar la mochila, nos parece maravilloso. Aunque la  recepción sea decepcionante y  los papeles y las llaves se entremezclen  con los platos del postre de los últimos comensales.  Ante tal panorama, no nos sorprende el sugerente  olor a fritanga  que se cuela por todas partes, incluida   nuestra propia piel. ¡Esta es la arriesgada vida del peregrino!


Villafranca del Bierzo
                           Albergue de Jato                        J.K. Ruiz 
     Después de un buen rato  esperando, nos registramos y podemos subir a la habitación, cuya decoración y refinamiento  no desentona con la de  la recepción. No importa, total, solo la queremos para descansar. Abrimos las ventanas y descubrimos unas vistas magníficas  sobre el río, acompañadas  en todo momento  por el incomparable olor a fritanga que se describe más arriba. Los peregrinos recoletos no deben disfrutar de tantos placeres juntos, así que decidimos cerrarlas de inmediato, no vaya a ser que lo deleitoso  del momento distraiga nuestro  sentido recogimiento.  
   Abandonamos “El brillante berciano” y nos encaminamos al albergue de “Jato” para recoger las credenciales y enterarnos del procedimiento para transportar  las mochilas. Volvemos a cruzar el pueblo, pero ahora  vamos ligeros porque  solo cargamos con las cámaras.
      Al pedir las credenciales, recibimos la primera lección del camino: aquí  el tiempo va más despacio, las prisas no son buenas consejeras y la paciencia tiene que ser nuestra compañera más fiel. Después de un buen rato, nos rellenan las credenciales y nos ponen al tanto del transporte de equipajes a O Cebreiro.   
   Jato es un personaje pintoresco, lleva años en el camino ocupándose de los peregrinos. Este hospitalero es  un pozo de experiencia y  sabiduría humana  -quizá también animal-  nos regala consejos que más parecen frases lapidarias dignas de figurar en el manual del  perfecto caminante:
                Iglesia de Santiago              J.K. Ruiz
    "La dureza del camino, la hacemos nosotros”, “marcad un ritmo y si sube la pendiente, acortad el paso”, “paradas cortas...”,  o estas otras: “Cada peregrino hace su camino” , “Hay tantos caminos como peregrinos” En todas ellas se mezclan los conocimientos prácticos con la filosofía y la reflexión.  En casa de Jato oímos por primera vez  el saludo que ya  nos acompañará hasta Santiago  y más allá. “Bo camino”, “buen camino”.    
    Al lado del albergue está la iglesia de Santiago, donde nos estampan el segundo sello en la credencial. Según nos cuentan, en esta iglesia se concedían las indulgencias a los peregrinos que llegaban enfermos y no podían continuar su viaje a Santiago. 
    Volvemos sobre nuestros pasos para  visitar y fotografiar el convento de S. Nicolás, la iglesia de S. Francisco y la plaza mayor. Al pasar por una tienda rematamos nuestro equipo de peregrinos comprando unos bordones. Nos hacía ilusión traer los nuestros, pero no ha podido ser.  Enseguida nos haremos a los nuevos, que  se convertirán, a buen seguro, en nuestros brazos y piernas.
     Esto parece que se va poniendo  en marcha: nos desprendemos  de ataduras, de prisas y nervios y  de  ideas preconcebidas Con los ánimos renovados nos sentamos en una terraza de la plaza. En fin, entre charlas  y risas, dejamos pasar el tiempo hasta la hora de la cena.
   Cerca ya de las diez, ya cenados, nos vamos al hotel. Pensamos salir a las 6:30. Preparamos las mochilas con ropa de repuesto, algo de comida y los cachivaches que, creemos, vamos a necesitar. Después nos acostamos con más incertidumbre que sueño. Mañana será el día. Comienza el reto.

                                             Iglesia de San Francisco                                               J.K.Ruiz
                                                    Homenaje al peregrino                                      J.K. Ruiz 


                       Fotografía:   J.K. Ruiz y J Ruiz en la red

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