Faltan menos de tres semanas y algo está pasando que me hace sospechar lo que, de algún modo, esperaba. Cada día , se produce alguna baja y me temo que el día 26, mire a mi alrededor y no haya nadie.
¡Vamos a ver! ¡ Atención, peregrinos! No pasa nada, en otro momento estoy seguro de que volveréis a subiros al camino que,poco a poco,vais abandonando ahora. El camino siempre estará ahí, esperando a los que quieran recorrerlo. Cada peregrino sabe cuál es su momento.
Si el día 26 no partiéramos hacia Ponferrada, con el permiso de los lectores de esta sección -que tengo la certeza de que sois muchos- con vuestro permiso, decía, os describiré las etapas, una a una desde Villafranca del Bierzo hasta el mismísimo Santiago. Será etapas rememoradas, extraídas de un camino que ya realicé hace tiempo. Es gracioso, ¡el camino en playback! otra modalidad , una forma distinta y, quizá novedosa, de disfrutar del camino. Para los poquitos que quedamos...
Seguimos entrenando, caminamos con la vista en Ponferrada y en todo lo que nos va aportar esta aventura ¿de acuerdo?, ¡podemos!
No hay que dramatizar. Mirad, os voy a contar algo que me refirieron hace poco. Trata de abandonos y de todas esas cosas.
Resulta que un hombre decide ingresar en un monasterio trapense. Se encamina al convento, entra en la sacristía y manifiesta sus intenciones de profesar. El hermano portero llama al prior, el cual recibe a nuestro hombre en su despacho. El prior informa al novicio de sus obligaciones para con las reglas de la orden y, sobre todo, hace mucho hincapie en el voto de silencio. Le explica que sólo puede pronunciar dos palabras, únicamente dos palabras cada diez años. A pesar de lo riguroso de la regla, el novicio decide ingresar en la orden.
Pasados diez años, el prior se acerca al hermano, le toca en el hombro y le dice que han pasado diez años y que puede decir dos palabras. El hermano, piensa un momento y dice: "Cama dura"
La vida del convento continúa entre rezos y meditaciones. Transcurridos otros diez años, se repite la escena. Con los dos frailes frente a frente, el hermano piensa y dice: "Poca comida".
Treinta años después, el prior se acerca al hermano, posa su mano en el hombro y le informa de que ha pasado otro periodo y que puede pronunciar otras dos palabras. El hermano no se lo piensa y dice: "Me voy"
Treinta años después, el prior se acerca al hermano, posa su mano en el hombro y le informa de que ha pasado otro periodo y que puede pronunciar otras dos palabras. El hermano no se lo piensa y dice: "Me voy"
El prior monta en cólera y fuera de sí exclama: ¡Ay canalla! ¡Esto lo veía yo venir! ¡Si desde que entraste no has dejado de quejarte!
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