sábado, 6 de abril de 2013

Sinfonía del Bosque do mayor opus 55

    Paseando temprano por un monte cercano a Navaluenga iba,  como casi siempre, absorto en mis pensamientos, dándole vueltas a lo imposible, sin reparar en nada de lo que me rodeaba. Poco a poco empecé a a ser invadido, abrazado por una música armoniosa, relajante, casi celestial.
    Se distinguían claramente los violines interpretados por un grupo de petirrojos. El  mayor era el primer violín. Escuché la flauta travesera en el pico de un carbonero; el oboe, en las alas de una lechuza; la percusión, en unos gorriones que agitaban las hojas de los árboles.Tres cigüeñas castañeteaban su pico, un buitre leonado tañía unos juncos de la ribera del río; el redoble del tambor lo ejecutaba un joven conejo con sus patas de atrás.  A ellos se unían, la corriente del rió en su discurrir  entre las piedras, el repique de las gotas de lluvia en el suelo y el viento colándose entre  los arboles. Un ruiseñor solista exhalaba  los más exquisitos sonidos y, al fondo, una alegre bandada de aves de todas las clases  hacían los coros.
      ¡Cuánta dulzura! ¡Qué sosiego! Me sentí flotar entra los pinos y elevarme por encima de sus copas. Y allí desde lo alto, con una acústica perfecta, pude disfrutar de esta sinfonía natural en el mejor auditorio del mundo, el de la naturaleza. 
   Pregunté a un búho real que estaba absorto en la rama de un árbol y me confesó que, durante esta primavera, van interpretar todos los fines de semana una sinfonía distinta, todas hermosísimas. Me invitó a asistir y a disfrutar del milagro. 
    Si queréis mas información, preguntad en El Hotelito, ellos os guiaran por el gran auditorio de la naturaleza y os invitarán a participar el próximo concierto. "Alas y Trinos" es su título.

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