sábado, 7 de septiembre de 2013

Da igual.

    Hoy, con la elección de la ciudad que albergará las olimpiadas de 2020, parece que nos jugamos la vida. Da la impresión de que si esta noche suena el nombre de Madrid, todo será estupendo, todo estará solucionado, no habrá problemas, el cielo se abrirá y lloverá café con churros. ¡Qué bien! ¿No? 
   Y si no suena Madrid ¿qué? ¿Se hundirá el mundo? ¿Seremos lo peor? ¿No levantaremos cabeza en un siglo? ¿Nos cortamos las arterias circulatorias M-30, M-40, M-50? ¿Qué hacemos Dios mío?
   Como Dios no contesta, tomaré yo la palabra y diré que no pasa nada. Madrid, los madrileños, somos especiales; somos muy acogedores e individualistas; sabemos caer y levantarnos pero, sobre todo, los madrileños estamos orgullosos de ser de Madrid y amamos  Madrid. 
    Debemos actuar de la misma forma, seamos o no los elegidos. Debemos constituir una legión de voluntarios para no ensuciar las calles, reciclando más y mejor las basuras, utilizando más los transportes públicos, cuidando, mimando los parques y jardines, haciendo más deporte por las calles, mejorando el trato hacia los demás y ,en especial, hacia nuestros visitantes y, por supuesto, queriéndonos más. 
   Si conseguimos esto, dentro de siete años todos estaremos felices y orgullosos de ser madrileños, españoles, europeos y ciudadanos del mundo. Estoy seguro de que nadie se acordará de hoy, 7 de septiembre de 2013, y de lo que se decidió  ese día.
                             

   

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