El sábado, a través del post "Da igual", en las horas previas a la votación del comité olímpico, expresaba mi opinión sobre la posible elección de Madrid como sede de las olimpiadas 2020. Hoy, 10 de septiembre, sigo pensando lo mismo, no me desdigo ni un punto ni una coma. Ahora, a toro pasado, me gustaría expresar mi opinión sobre todo este asunto y el desenlace final.
Pensando en todo este asunto me surgen algunas pregunta: ¿Qué es el COI ? ¿quiénes sus comisarios? No tengo una respuesta exacta, pero sospecho que este organismo es una empresa que se mueve por el mundo haciendo que hace mucho, pero sin hacer nada, interviniendo en temas de los que entiende poco y que le importan menos, buscando el negocio y poniéndose al servicio las empresas y de los poderosos, con una falsa aureola de seriedad y rigidez. El COI, en definitiva, para mí es una sanguijuela que chupa la sangre a las ciudades, a los países, a las federaciones, a los atletas, a los jueces y a la gente en general, amparándose en unos principios olímpicos que casi nadie cumple -empezando por ellos mismos. ¿Qué riesgos económicos asume el COI en los eventos que se organizan? ¿Cuánto dinero gana o pierde? ¿Qué hace el COI en definitiva?
Sobre los comisarios que lo componen, opino que son estómagos agradecidos que viajan por el mundo a cuerpo de rey, -cuando algunos no llegan más que a príncipes- dejándose hacer la pelota por los políticos de las diferentes ciudades que visitan, recibiendo regalitos de todo tipo, para terminar haciendo el paripé de las preguntas a los candidatos -preguntas cuyas respuestas o bien conocen de antemano , o bien no interesan- porque acaso no sabemos todos que las decisiones sobre la votación no se cuece en "sede COI", como se dice ahora, sino en otros sitios y en otros despachos.
Nos quieren hacer creer que todo se decide en la sala de juntas con una votaciones limpias ¡Por favor! Este fin de semana en el teatro Colón de Buenos Aires se representó una pantomima, la última pantomima recaudatoria del cuatrienio. En este marco cuidadosamente elegido, tres ciudades se han gastado en vano los dineros públicos transportando atletas y políticos, contratando expertos en presentaciones internacionales, pagando vestuario, hoteles, transportes. ¿Para qué tanto esfuerzo si se sabe de antemano quién va a alzarse con el triunfo y cuánto dinero costará la victoria? Sin duda, El COI, este organismo de pomposo nombre, debería abandonar la organización de los Juegos Olímpicos y dedicarse al teatro que también es griego y encaja mejor en su proceder.
Así que visto lo visto, lo que debemos hacer es trabajar lo mejor que sepamos por nuestro país; debemos levantarnos y permanecer erguidos, bien erguidos, con la cabeza alta, bien alta, casi mirando al cielo todos juntos, bien juntos, sin importarnos el COI y sus comisarios, ajenos a los intereses empresariales de otros.
Sobre los comisarios que lo componen, opino que son estómagos agradecidos que viajan por el mundo a cuerpo de rey, -cuando algunos no llegan más que a príncipes- dejándose hacer la pelota por los políticos de las diferentes ciudades que visitan, recibiendo regalitos de todo tipo, para terminar haciendo el paripé de las preguntas a los candidatos -preguntas cuyas respuestas o bien conocen de antemano , o bien no interesan- porque acaso no sabemos todos que las decisiones sobre la votación no se cuece en "sede COI", como se dice ahora, sino en otros sitios y en otros despachos.
Nos quieren hacer creer que todo se decide en la sala de juntas con una votaciones limpias ¡Por favor! Este fin de semana en el teatro Colón de Buenos Aires se representó una pantomima, la última pantomima recaudatoria del cuatrienio. En este marco cuidadosamente elegido, tres ciudades se han gastado en vano los dineros públicos transportando atletas y políticos, contratando expertos en presentaciones internacionales, pagando vestuario, hoteles, transportes. ¿Para qué tanto esfuerzo si se sabe de antemano quién va a alzarse con el triunfo y cuánto dinero costará la victoria? Sin duda, El COI, este organismo de pomposo nombre, debería abandonar la organización de los Juegos Olímpicos y dedicarse al teatro que también es griego y encaja mejor en su proceder.
Así que visto lo visto, lo que debemos hacer es trabajar lo mejor que sepamos por nuestro país; debemos levantarnos y permanecer erguidos, bien erguidos, con la cabeza alta, bien alta, casi mirando al cielo todos juntos, bien juntos, sin importarnos el COI y sus comisarios, ajenos a los intereses empresariales de otros.
Nosotros podemos levantar este país, el nuestro, y llevarlo al lugar que se merece. No necesitamos a gente que se compra y se vende por un plato de lentejas y un jamón de Jabugo. No necesitamos al COI, ni a sus comisarios, no queremos a los que nos nos quieren. Es mejor que se vayan a jugar al Imperio de la Radiación naciente y creciente, al país de los constantes terremotos y de los tsunamis. Vayan ustedes señores del COI a la mierda, ¡hombre! ¡Vayan ustedes a la mierda!
No hay comentarios:
Publicar un comentario