martes, 24 de septiembre de 2013

Las cartas de la independencia boca arriba.

     En los últimos meses estamos asistiendo a un fenómeno curioso, por calificarlo de una forma suave. Cuando la tendencia en todo el mundo es que  los países se unan con el fin de constituir grupos supranacionales que defiendan sus derechos, para dejarse oír en los foros internacionales y para estar presentes en los círculos de poder y decisión. Cuando la cultura y el progreso deberían romper  ataduras para hacernos más libres y abiertos al exterior, en este país de nombre España  hay algunas comunidades que quieren separarse y caminar en solitario. ¡Paradójico! ¿No?
    No logro entender cómo España, que es un país constituido por la unión de pueblos diferentes con objetivos comunes, va en contra de la corriente internacional planteando segregaciones sin sentido que tienen como objetivo llevar a la práctica la vieja máxima castellana de saltarse un ojo con tal de ver ciego al vecino.
   Esta actitud separatista, desde mi punto de vista, está amparada por un lado, en un nacionalismo trasnochado y caduco y por otro en el intento desesperado de algunos políticos para continuar con sus posaderas en la poltrona, eludiendo su responsabilidad y culpando de todos sus males al ente más cercano: España. Dejan para otro momento asuntos de capital importancia tales como reconocer su mala gestión económica, su implicación en casos de corrupción, su falta de cintura política para negociar y su absoluto desprecio por el futuro. 
   Supongo que mi opinión desagradará a muchos. Unos juzgarán que soy un nacionalista español.  Otros la subscribirán , por el mismo motivo. Pues señores, siento defraudar a todos. No soy nacionalista de ningún tipo. Lo que no me gusta es que nos manejen como si fuéramos borregos, que nos toquen fibras sensibles para que pensemos con algunos órganos y no con el cerebro precisamente. Que se intente jugar con cartas marcadas, que no se diga la verdad, ni se expliquen las consecuencias de las decisiones, esto es lo que no tolero.
    Es  imprescindible que se pongan las cartas boca arriba y  que se diga la verdad, que no basen sus intenciones en el argumento de que el derecho a decidir es la esencia de la democracia, porque es mentira. No juguemos con las palabras. La esencia de la democracia reside, entre otras cosas, en decidir conforme a las reglas establecidas previamente. Es necesario que se expongan claramente las posturas que defienden cada uno de los promotores  del plebiscito. Algunos se empeñan en ocultar deliberadamente sus posiciones.  Se debería informar al pueblo de los pros y los contras de la  independencia, del coste económico de la decisión, de las consecuencias internacionales y de tantas cosas más que, ahora mismo, se me escapan.
      Es necesario explicar por qué se quedan en las ramas y no extienden su fiebre independentista a todos los territorios que denominan Países Catalanes -es decir, Andorra, Pirineos Orientales (Rosellón) en Francia, Comunidad Valenciana, Islas Baleares, El Carche en Murcia, La franja en Aragón, Alguer (Cerdeña) Italia, o ¿Es que eso no es Cataluña? Hay que ser consecuentes y valientes, o ¿Es que esos territorios no tiene la misma historia y las mismas condiciones para formar parte de la nación catalana? ¿Es que la idea de país solo se da en la Cataluña española? Ya puestos a independizarse qué más da saltarse a la torera la Constitución española, la francesa. la italiana y la andorrana a la vez, ¿No? ¿Es que la esencia de su democracia solo está en la consulta de la Cataluña española? ¿Están dispuestos a asumir el resultado, pueblo a pueblo? ¿Segregarán a cada pueblo que vote en contra  o lo incorporarán dictatorialmente a su territorio cayendo, así, en la misma actitud injusta que achacan a España?  ¿Si el Valle de Arán pide la independencia, se la concederían? Arán tiene los mismos condicionamientos que esgrimen los independentistas: lengua común , comunidad histórica aislada de los vecinos peninsulares.  Es obligado que digan si van a  limitar la consulta  a los censados en la Comunidad Autónoma Catalana o si, por el contrario, van a abrir el plebiscito a todos los españoles.  ¿Tiene más derecho a elegir un madrileño residente en Barcelona, que un barcelonés residente en Madrid?
     Antes de seguir adelante, los que propugnan la consulta deberían dar una lección de democracia, de transparencia  y de honestidad. No deben iniciar un proceso tan serio con ocultaciones, engaños y falacias al pueblo soberano.    

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