sábado, 14 de marzo de 2015

El Prado en Madrid y Zaragoza


Museo Nacional 
del Prado

Madrid

Custodia de la Iglesia de San Ignacio de Bogotá

3 de marzo - 31 de mayo de 2015

Sala 18A. Edificio Villanueva





José de Galaz, Custodia de la iglesia de San Ignacio de Bogotá, conocida como “La Lechuga”, 1700-7. Oro fundido, calado, con esmaltes e incrustaciones de piedras preciosas. 80 cm altura. Bogotá, D.C., Colombia. Colección de Arte – Banco de la República




Goya en Madrid

28 de noviembre 2014 – 3 de mayo 2015

Goya llegó a Madrid en enero de 1775 para colaborar, bajo la dirección de Anton Raphael Mengs, primer pintor de cámara y director artístico de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, en el proyecto de los cartones de tapices destinados a los Sitios Reales. Pero su reconocimiento en la Corte no llegó hasta once años después, cuando fue nombrado pintor del rey en 1786, y luego con su nombramiento como primer pintor de cámara, compartido con Maella, en 1799.
El artista recibió siete encargos de cartones, en cuyas composiciones reflejó la diversidad del pueblo en escenas llenas de alegría y animadas por las diversiones, los juegos, los niños y las fiestas, pero también de violencia, engaños y tristeza, donde el deseo y la seducción actúan como trasfondo de la vida. Goya consigue una gran variedad de sentimientos por su extraordinaria capacidad para captar la riqueza de los tipos humanos, los diferentes atuendos masculinos y femeninos y la sugerencia de infinitas situaciones.
En esta exposición se conjugan los cartones de Goya con los de otros artistas y se exhiben pinturas y esculturas que le sirvieron de modelo para sus creaciones llenas de novedades. Unos cartones de tapices, que Goya no concibió como pintura secundaria sino como invención metafórica de la sociedad, encontrando en ellos el camino de creaciones posteriores con las que alcanzó la fama, como los aguafuertes de los Caprichos.


Vistas monumentales de ciudades españolas. El pintor romántico Genaro Pérez Villaamil

17 de diciembre de 2014 - 6 de septiembre de 2015

Se trata de un conjunto inédito, pintado entre 1835 y 1839, formado por 42 vistas pintadas sobre soportes de hojalata organizadas, por el propio artista, en un díptico de hojas simétricas rematadas en sobrias arquivoltas ojivales sobre columnas. Por su concepción y carácter, se trata de un conjunto único en su género en el Romanticismo español.
Las vistas son testimonios excepcionales de su trabajo del natural en la técnica del óleo, que habitualmente utilizaba solo en su estudio. Muestran la habilidad del artista en la representación de exteriores e interiores arquitectónicos algunos de los cuales, ya en ruinas, desaparecerían después. También, la destreza en el trabajo directo al óleo con el pincel sobre la hojalata, con una superposición de capas muy diluidas de pintura y un toque final con pigmentos que resaltan los efectos de la luz sobre las ricas ornamentaciones mudéjares y góticas, los estilos que predominan en las vistas.
Suponen un ensayo de su amplia dedicación posterior a la representación de monumentos, que le llevó a asumir la dirección artística de la España artística y monumental (1842-1850), proyecto editorial para cuyas litografías proporcionó dibujos y acuarelas muy relacionados en sus encuadres con algunas de estas obras, según revelan los ejemplos de los libros en la exposición.


Exposiciones fuera del Museo.

Zaragoza

Los objetos hablan. Colecciones del Museo del Prado

4 de febrero - 17 de mayo de 2015

Hombres y mujeres pueden reconocerse a través de ciertos objetos que les han acompañado a lo largo de los tiempos –a la hora de alimentarse, de vestirse, de desarrollar un trabajo o, simplemente, disfrutar de su ocio–, ya que esos objetos son depósitos de la memoria, tanto individual como colectiva. Nos informan sobre costumbres y creencias, y también sobre las circunstancias históricas y sociales del momento en que fueron utilizados. Pero al mismo tiempo sugieren ideas, permiten establecer relaciones entre conceptos muy diversos, despiertan en quienes los contemplan todo tipo de sentimientos e invitan a soñar, a imaginar y a evocar otros lugares o momentos.
Los cuadros del Museo –los bodegones, por ejemplo– muestran una gran cantidad de elementos simbólicos, que contribuyen a enriquecer el aspecto formal que ofrecen y nos permiten un acercamiento al mensaje que el artista o su mecenas o cliente quisieron transmitir. Pero también hay en ellos numerosos detalles escondidos que nos obligan a recorrer una y otra vez la superficie pictórica para aprehender su esencia y su valor.
Los objetos hablan, y además –y esa es la clave– nos invitan a dialogar. Ese es el objetivo de la exposición: plantear un diálogo entre sus visitantes y los objetos del Museo del Prado, tanto los «reales» o tridimensionales como los representados en la cuidada selección de pinturas que forman parte de ella.

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