
No podía ser de otra forma: la sociedad actual es un reflejo de la sociedad descrita por don Miguel de Cervantes en sus novelas.
La picaresca, el engaño, el robo, la iglesia, los nobles, los clérigos, los hidalgos, el pueblo llano son personajes totalmente vigentes hoy.
¿Quién no se cruza a diario con don Quijote o con Sancho Panza? ¿Quién no ve en los telediarios el patio de Monipodio?
¿Cuántos luchan contra molinos, mientras les roban los molineros?
¿No conocéis algún Licenciado Vidriera venido a Licenciado Rodaja? ¿Cuántas ínsulas de Baratarias mal gobernadas? Somos así, quijotescos, no vale dar vueltas.
La última ensoñación -quijotada, gracias a Dios- de la alcaldesa Botella, antes de pasar a mejor vida, (ella y los madrileños) es encontrar los restos de don Miguel de Cervantes en el convento de las Trinitarias.
Después de arduos trabajos, se ha emitido un informe en el que se dictamina que no se puede afirmar al cien por cien, pero que hay muchas coincidencias y ninguna discrepancias y que por lo tanto están seguros de que entre el amasijo de huesos encontrados en el lugar, alguno de ellos debe de pertenecer al ilustre escritor don Miguel de Cervantes.
Nuestra regidora, la ilustrada Botella, no se percató de que no eran molinos lo que hay en el convento, que tan solo son monjas; que hace siglos que se sabe donde están los restos de Don Miguel y que todos podemos honrarlos sin ningún problema, aunque no sea exactamente entre los muros de la iglesia de las Trinitarias.
Los restos del escritor están en sus personajes, en sus novelas, y en su escritos, así que el mejor homenaje que le podemos rendir todos, corregidora incluida, a don Miguel, es representar sus comedias para el pueblo de forma gratuita y potenciar la lectura de su sublime obra.
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