sábado, 18 de abril de 2015

Mi mundo gatuno y yo - Capitulo 21

  Hace tiempo que no os cuento nada sobre mi mundo gatuno, lo último fue la operación de Gotu y lo mal que lo pasamos los dos.  La falta de noticias no penséis que ha sido debida a ausencia de anécdotas, travesuras o juegos de mi manada gatuna. 
  No, no es eso. En el mundo gatuno, como en el mundo humano suceden cosas que son difíciles de abordar y es mejor dejar pasar el tiempo para ver todo con un poco de distancia.    
  Ahora creo que es el momento de relatar lo acontecido a los pocos días de la operación de Gotu. Sé que me va costar -ya me está costando- pero creo que es mi obligación hacia vosotros, mis faceamigos, y hacia Carafina, mi gata Carafina.
   No he empezado todavía y mis ojos  empiezan a nublarse. Me resulta muy difícil escribir sobre ella, pero se lo debo. Vamos allá.
 A los pocos días de la operación de Gotu, hicimos un viaje relámpago con el único objetivo de ver cómo se encontraba el enfermito. Llegamos y pudimos comprobar con alegría que estaba en perfectas condiciones y que conservaba intacto ese pronto de mal genio que le ha caracterizado siempre. Así que, aprovechando la visita, les dimos de comer y nos volvimos a Madrid. Ese día fue el último que vimos a Carafina. 
   He dejado pasar más de tres semanas con la esperanza de que volviera a casa, de que en uno de nuestros viajes de fin de semana apareciera por los tejados como si nada. Aunque internamente sabía que Carafina no se ausentaba más de un día y menos estando nosotros por allí. 
   Carfina es la gata madre de toda la manada, llegó para mitigar la pena que nos causó  la falta de Galita. Carafina ha estado con nosotros más de diez años.
  Cuando llegó era una gatita tímida y vergonzosa, tuvimos que sacarla del motor del coche donde se había refugiado y darle muchos cariños e infinidad de caricias.  Después de ese verano, el de su llegada, se convirtió en una más de la familia y así ha permanecido hasta ahora.
   Era tal la confianza que tenía en nosotros que, tras su primer parto, nos presentó a toda la camada. Ella sabía que no tenía nada que temer. Luego, más tarde, la ayudamos en la crianza de Gotu, ya que al ser madre primeriza, digamos que olvidaba alguna de sus obligaciones, o así lo entendíamos nosotros. 
  Con el paso del tiempo, hemos pasado con ella de todo, momentos malos, como cuando fue envenenada, y muchos momentos buenos, muy buenos. 
  Nos ha enseñado valores que, en principio, se piensa que los gatos no tienen, como el amor a sus crías y a las de toda la manada, la solidaridad con las gatas en el cuidado de los pequeños, la amistad y el amor entre gatos. 
  Pero sobre todo nos ha enseñado cómo un gato puede querer a un ser humano tanto como a otro miembro de su especie.

  Carafina no disputaba la comida con el resto de gatos, ella se sentaba a mi lado y confiaba en que yo me iba a encargar de darle las mejores y más blanditas tajadas. La pobrecilla había perdido los colmillos.  De vez en cuando le daban ataques de amor y comenzaba a frotarse contra mis piernas, se subía por donde podía dándome cabezadas, me cogía la mano con sus patitas y la guiaba a su cuello para que la acariciase. Terminaba subida en mi hombro intentando lamerme la cara.  La verdad que era un poco agobiante, pero cuánto daría ahora por  un ataque de cariño de mi Carafina.
    Mi gatita me acompañaba por el jardín y se tumbaba a observar mis trabajos en las planta o en los arboles; cuando llegábamos era la primera en salir a recibirnos y por las mañanas acudía corriendo a darme los buenos días. 
     Ahora la echamos mucho de menos todos: su Gotu, los gatitos pequeños, hasta los almendros están tristes por no sentirla en sus ramas. Y nosotros, sus amigos humanos, hemos hecho un acuerdo tácito de silencio para no sufrir.
   Esperamos que nuestra Carafinita esté en un paraíso gatuno en el que corra con todos los gatos de nuestra familia gatuna, en el que sea muy feliz y no le falte de nada, ni siquiera nuestro emocionado e imborrable recuerdo.   
         

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