Etapa 13ª. Santiago - Negreira. (21 km)Alejado de la moda pasajera y del reclamo turístico, más incluso de lo que cabría pensar, la prolongación hasta Finisterre ha sido un referente para peregrinos y viajeros a lo largo de la Historia. El peñón de piedra que se sumerge en el Atlántico, fin del mundo antaño conocido, sigue actuando como un bálsamo de inquietudes y fuente de respuestas para aquellos que deciden continuar su camino, quizás con cierta incertidumbre, más allá de la ciudad del Apóstol. Más que una extensión del camino es un epílogo, una parte final para la reflexión que cierra el círculo y dota de más significado a la peregrinación.

Descripción.
Desde la catedral de Compostela, qué paradoja, el peregrino no retorna a casa sino que prosigue su marcha hacia el Atlántico con la intención de completar su viaje y encontrar las últimas respuestas. La primera jornada, comedida en kilómetros, se adentra en un suspiro en el ambiente rural, donde los bosques de robles y eucaliptos alternan entre los núcleos dispersos. A la altura del alto do Vento se entra en el Concello de Ames, que se recorre casi íntegro por y junto a la carretera. Pasado el ecuador de la etapa se inicia desde Augapesada el ascenso al Mar de Ovellas, plato fuerte de la jornada al que le sucede un reparador descenso que lleva a orillas del Tambre y Ponte Maceira. Los últimos cuatro kilómetros hasta Negreira, bien poblada de albergues, son casi llanos y constituyen un mero trámite.
Descripción.
Desde la catedral de Compostela, qué paradoja, el peregrino no retorna a casa sino que prosigue su marcha hacia el Atlántico con la intención de completar su viaje y encontrar las últimas respuestas. La primera jornada, comedida en kilómetros, se adentra en un suspiro en el ambiente rural, donde los bosques de robles y eucaliptos alternan entre los núcleos dispersos. A la altura del alto do Vento se entra en el Concello de Ames, que se recorre casi íntegro por y junto a la carretera. Pasado el ecuador de la etapa se inicia desde Augapesada el ascenso al Mar de Ovellas, plato fuerte de la jornada al que le sucede un reparador descenso que lleva a orillas del Tambre y Ponte Maceira. Los últimos cuatro kilómetros hasta Negreira, bien poblada de albergues, son casi llanos y constituyen un mero trámite.
Desde la catedral de Compostela, qué paradoja, el peregrino no retorna a casa sino que prosigue su marcha hacia el Atlántico con la intención de completar su viaje y encontrar las últimas respuestas. La primera jornada, comedida en kilómetros, se adentra en un suspiro en el ambiente rural, donde los bosques de robles y eucaliptos alternan entre los núcleos dispersos. A la altura del alto do Vento se entra en el Concello de Ames, que se recorre casi íntegro por y junto a la carretera. Pasado el ecuador de la etapa se inicia desde Augapesada el ascenso al Mar de Ovellas, plato fuerte de la jornada al que le sucede un reparador descenso que lleva a orillas del Tambre y Ponte Maceira. Los últimos cuatro kilómetros hasta Negreira, bien poblada de albergues, son casi llanos y constituyen un mero trámite.
El itinerario.
Dificultades.
- Alto do Mar de Ovellas:
Subida de un par de kilómetros que salva 215 metros de desnivel. Los tramos más duros se encuentran en la primera parte, que se hace por un camino en buen estado. La segunda parte, por carretera, también pega pero es más llevadera
Qué ver, qué hacer.
- NEGREIRA:
Negreira, que tiene el título de villa otorgado por Real Decreto en 1906 bajo el reinado de Alfonso XIII, se ha convertido en final de la primera etapa del Camino hacia Fisterra y Muxía. Desde el verano de 2001, fecha en que se inauguró el albergue público, tuvieron que pasar nueve años para que, de una sola tacada, se abrieran otros cuatro más.
La vega del río Tambre fue lugar de asentamiento de tribus prerromanas, y ya en época romana Negreira es paso y, muy probablemente, mansio de la vía Per loca marítima Nicraria Tamara, una calzada romana de veintitrés millas que unía Caldas de Reis con las minas de plata de Brandomil. En el escudo de la población aparece Ponte Maceira partido en dos, aludiendo a la leyenda del traslado del cuerpo del Apóstol - reflejada en el libro III del Codex Calixtinus - que narra cómo tras pasar los discípulos, el puente se hunde y arrastra a las aguas a los soldados que les perseguían. Tras el paso de los suevos en los siglos V y VI por toda Gallaecia, Negreira fue concedida como feudo en el 876 a la iglesia compostelana y fue arrasada un siglo después por piratas normandos. Reconstruida en el 1113, dejó de ser feudo de Santiago durante el reinado de los Reyes Católicos y se emancipó como Foro Real, situación confirmada en 1520 por el emperador Carlos V.
En la villa destacan el pazo de Cotón y la capilla de San Mauro, junto a los que se celebra todos los domingos del año la feria ambulante, presente desde el siglo XVIII. Al parecer el primer núcleo de población se fijó al otro lado del río Barcala, donde se encuentra el albergue de la Xunta y la iglesia de San Xulián, pero la villa creció a partir del siglo XIX en el entorno del pazo y el campo de la feria. Del cinco al siete de julio los nicrarienses celebran las fiestas de San Cristóbal y en septiembre tiene lugar una feria medieval.

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