jueves, 21 de mayo de 2015

.Mi mundo gatuno y yo - Capitulo 23

  En el capítulo anterior dejamos a la camada de Melendi en una caja con trapitos, y a la de Copito, entre unos maderos.
  Hoy nada más llegar, me he dirigido a la caja y  ¡sorpresa!  Los gatitos de Copito con madre incluida estaban dentro de la casita improvisada. De los gatos de Melendi, ni rastro.
   Copito, ante la intromisión sufrida, ha salido bufando a todo bufar, mostrando de ese modo su malestar y protesta.
   La mañana ha transcurrido en un constante entrar y salir de la mamá  gata a la caja de los gatitos: salía para comer y entraba para darles de mamar.
   A la hora de la siesta, me he asomado y ya no había nadie, ni Copo, ni gatulito alguno. Me he dado una vuelta por todo el jardín y nada de nada, ni rastro de los gatos. He supuesto que los había metido entre las vigas de madera, que suele ser el lugar habitual donde los colocan las gatas ariscas.
   Me he llevado una sorpresa mayúscula cuando, terminando de regar, entre una pitas y áloes, he oído el inequívoco maullido de una cría, cuando solicita la presencia de la mamá.
   ¡Madre mía! -he exclamado mentalmente-  ¿Cómo estarán de agua? Sin perder un segundo me he puesto a imitar la llamada de la madre y al ratito ha aparecido ante mí la camada entera. Cual ha sido su sorpresa cuando en vez de encontrar a su mamá se han topado con un gigantón bípedo, que con una mano los ha devuelto a la acogedora casita, de la que nunca debieron salir. 
    Al momento se ha presentado la madre, con un humor de perros y dando órdenes de volver a los pinchos. Ante el desacato de los cachorritos, se ha dedicado a llevarlos de vuelta, uno por uno cogidos del cuello, a las plantas espinosas y mojadas.
    A mí no me gusta quitar la razón a los padres, ni a las madres, así que le he dejado hacer.  Ella sabrá.    








Fotografía: J Ruiz

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