miércoles, 26 de febrero de 2014

Diario 26/02/2014

Miércoles - Dimecres - Asteazkena - Mércores  

 26   Febrero     Febrer                                                      Otsaila     Febreiro

                         Semana 9 - 57 día Gregoriano     


 Orto  - Ocaso                               Santoral Católico: 
07,52 -  19,03   Madrid                     S. Alejandro  
07,31 - 18,38   Barcelona                 S. Porfidio
08,15 - 19,19   A Coruña                  
07,53 - 18,57   Bilbao                    Santoral Ortodoxo:
                                                         S.  Porphirio                                        
                                          
Cumpleaños: 

Celebraciones:

Tal día como hoy:

Frase del día: 

    Independiente siempre, aislado nunca.

                              Emilio Visconti-Venosta



Palabra del día:




Moneda romana del siglo II a. C. con la imagen de Príapo


Priapismo
Erección permanente y a veces dolorosa del miembro viril, sin deseo sexual. El mal es provocado por un trastorno vascular que afecta los mecanismos de la erección: el pene no logra evacuar la sangre que lo llena y se mantiene rígido, incluso después de apagado el deseo. Luego de más de cuatro horas de erección continua, se recomienda abrir quirúrgicamente los cuerpos cavernosos y drenar la sangre estancada, para evitar la gangrena.

La palabra proviene del griego priapismós, que tiene el mismo significado y deriva del nombre de Príapos (Príapo), el dios de la fertilidad vegetal y animal, hijo de Afrodita y Dionisos, representado con un falo enorme, venerado en la región del Helesponto.

Según el mito griego, el priapismo era un castigo de los dioses: Pegaso, embajador de Dionisos, partió de su ciudad, Eleuteras, hacia Atenas, llevando una estatua del dios del vino, pero al llegar a destino, fue rechazado con furia por los atenienses y tuvo que emprender el regreso. En represalia, Dionisos castigó a los hombres de Atenas con la enfermedad del priapismo. Cuando consultaron al oráculo de Delfos, este les advirtió que solo podrían curarse si homenajeaban al dios ofendido con los cultos que merecía.

Los afectados fabricaron entonces grandes falos y los llevaron en procesión junto con la estatua de Dionisos. El mal cesó y todo volvió a lo normal, pero por las dudas, para evitar toda posibilidad de recaída, a partir de entonces ,junto con las Grandes Dionisíacas, la fiesta anual del vino, se realizaba en Atenas la procesión de los falos, llamada phallephoria.


San Alejandro.

Conmemoración de san Alejandro, obispo, anciano célebre por el celo de su fe, que fue elegido para la sede alejandrina como sucesor de san Pedro y rechazó la nefasta herejía de su presbítero Arrio, que se había apartado de la comunión de la Iglesia. Junto con trescientos dieciocho Padres participó en el primer Concilio de Nicea, que condenó tal error,
Nació hacia el año 250. Tuvo siempre un carácter apacible y bondadoso que de modo especial demostraba con los débiles y menesterosos. Era por su natural un hombre de paz, llevaba dentro de sí un espíritu conciliador como consecuencia de la caridad.
Retrato de San AlejandroA la muerte de Aquillas, en el 313, fue propuesto y nombrado para la sede de Alejandría y aquí se va a ver envuelto en asuntos doctrinales que le harán sufrir lo indecible, le madurarán en la profesión de la fe cristiana y lo convertirán en su paladín. No le quedará más remedio que ser fiel a su condición de pastor aún a costa de su fama y de su bienestar; tendrá que sobreponerse a sí mismo y hacer que su bondad se manifieste como intransigencia en cuestiones que él no puede tocar y menos cambiar.
El Patriarca es un hombre celoso en el cumplimiento de su oficio. Le preocupan los indigentes y con ellos muestra una generosidad poco frecuente. Alienta el ascetismo de los solitarios anacoretas que se entregan sin condiciones a Dios, en el desierto de Egipto, con una vida de penitencia. Hizo construir el templo de san Teonás, el mayor de Alejandría. Mantiene la paz y tranquilidad mientras se resuelve la fecha para la celebración de la Pascua.
En torno a su persona y a su ministerio aparecerán figuras que para siempre quedan presentes en el campo de la teología: Atanasio y Arrio. El primero aprenderá a ser buen obispo a su sombra, aún a costa de destierros. El segundo llevará colgado hasta el fondo de la historia, y sobrepasando su propia muerte, el bochorno de su rebeldía y la tristeza de la pertinacia en el error. La Iglesia saldrá enriquecida por la afirmación a perpetuidad de la Verdad y el campo de la teología quedará armado con expresiones aptas para la expresión del Credo.
Al poco tiempo de ser Alejandro Patriarca, comienza a dar castigo Arrio. Ha comenzado a poner al descubierto su personalidad inquieta y su carácter díscolo y rebelde; ahora comienza a predicar cosas extrañas sobre Jesucristo no coincidentes con la verdad profesada en la Iglesia. No sirven los avisos del Patriarca; es más, se empeora el asunto por el favorable eco que encuentra su enseñanza en determinados sectores superficiales de creyentes y la facilidad con que la aceptan algunos provenientes del paganismo. Aquellos círculos van ampliándose y lo que comenzó solamente como una doctrina anormal va tomando tintes de herejía por la pertinacia en la defensa y por lo importante del error.
Arrianismo se denominará la herejía. Enseña Arrio que el Hijo no es eterno, sino que sólo es una especial criatura. No tiene la naturaleza del Padre, sólo hay una Persona divina. La Trinidad, misterio peculiar cristiano, queda destruída. Como consecuencia directa, la Redención de Cristo es limitada, no infinita.
El responsable de la fe en Alejandría no puede permanecer indiferente en estas circunstancias. Convoca, en el 318, una reunión -la llaman sínodo- para los obispos de Egipto y Libia; entre todos deben entender del tema y expresar la verdad de la fe que en la Iglesia se profesa. Todo termina con la excomunión de Arrio y la condena de su doctrina.
Como va aumentando el revuelo, el emperador Constantino toma cartas en el asunto; está mal informado por los dos Eusebios, el de Cesarea y el de Nicomedia, proclives a aceptar la doctrina nueva. Se envía como legado a Osio de Córdoba para arreglar el asunto que se estimaba como «cuestión de palabras», pero ya sobre el terreno descubre lo irreductible a la fe de Arrio y la importancia del tema. Sólo una reunión general de todos los obispos podrá arreglar el problema; entre otros muchos allí está presente -aunque anciano- Alejandro y su secretario Atanasio. De este modo nació, después del de Jerusalén, el primer concilio, el de Nicea. En el año 325 expresa la Iglesia su fe genuina -tal como la vivió siempre- recibida de los Apóstoles y contenida en la Escritura Santa, condenando el arrianismo que por siglos durará entre cristianos y los separará de la verdadera Iglesia.
El Patriarca Alejandro, defensor del tesoro recibido, murió poco después, en el 326, en su sede, con la misión cumplida
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