lunes, 13 de abril de 2026

Narcisos en tropel.

   ¡Cuidado! ¡Cuidado! Que llega una marabunta de narcisos que se paran ni por nada, ni por nadie. 
   Son narcisos salvajes que acaban de brotar y están de celebración, cuando sosieguen y se tranquilicen podremos disfrutar de su belleza y embriagarnos con aroma.  


















Fotografía: J Ruiz

domingo, 12 de abril de 2026

Flores. Desde la lejanía

       A pesar de la distancia, hoy es domingo, soy el mantenedor de este cuaderno de bitácora, hace trece años que me comprometí con vosotros que todos los domingos, os llevaría mis flores para que se convirtieran  en vuestro. Como lo prometido es deuda y a pesar de la distancia, aquí las tenéis.

    Desde el Alentejo os llegan estas flores llenas de belleza y fragancia.

                                        ¡Feliz domingo! 














Fotografía: J Ruiz

sábado, 11 de abril de 2026

Calles y plazas de Madrid. San Martín

La plaza de San Martín se sitúa en el barrio de Sol, en ella confluyen el antiguo Postigo de San Martín y las calles de San Martín, Trujillos, Flora, Hileras y la plaza de las Descalzas. Toma su nombre del desaparecido convento de San Martín, fundado en el siglo XIII como núcleo del arrabal de San Martín.

    En su origen se llamaba subida a San Martín a este espacio del arrabal, situado en un costado del desaparecido convento. También tuvo durante unos años el nombre de plaza del Puente de Alcolea. Aparece sin nombre en el plano de Teixeira (1656) y con el de plaza de San Martín en el plano de Espinosa (1769).     

   Tanto el edificio generador de la plaza, el mencionado convento de San Martín, como su iglesia, permanecieron en pie hasta el siglo xix. El templo fue derribado durante la ocupación francesa y el convento se demolió a raíz de la Revolución de 1868. Antes de ello, el primitivo monasterio de extramuros, tras su Desamortización alojó sucesivamente parte del Gobierno Civil que daba puertas a la calle del Arenal,] a la Diputación provincial, a la Dirección general del cuerpo de Sanidad militar, al Consejo de sanidad del reino, y en sus dependencias auxiliares, el cuartel de la Guardia civil. Una vez demolido, se construyó en el solar uno de los primeros edificios de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid (más tarde Fundación Montemadrid), junto con el parejo de las Descalzas.     

  Adorna la plaza una estatua obra de Medardo Sanmartí, dedicada a Joaquín Vizcaíno, marqués viudo de Pontejos, fundador en 1838 del emporio de las Cajas madrileñas.

    Se conservan en el perímetro de la plaza singulares edificaciones, entre ellas:

     En el n.º 1, la llamada casa de las Alhajas, proyectado en 1870 por Fernando Arbós y José María Aguilar Vela, y construido entre 1870 y 1875,

    En el número 4, la casa-palacio de Isla Fernández, construido en 1850 por Manuel Heredia y Tejada, y reformado diez años después por Manuel Martínez Puchol. Alberga la sede de CEIE .

   A su derecha, con el número 5, el también decimonónico Hotel Palacio San Martín, construido en 1883 y renovado en 2002.

En el chaflán que forma el número 3 de la plaza, se encuentra la librería para bibliófilos fundada en 1947 por el librero y cervantista Luis Bardón López (1908-1964), y decana del Gremio Madrileño de Libreros de Viejo. La librería, que cuenta con un fondo de 50.000 ejemplares, es gestionada actualmente por las nietas del fundador. La librería llegó a vender una primera edición del Quijote.   

  Como historia, cuentan que el Jueves Santo de 1611, Quevedo  vio a un hombre darle una bofetada a una dama. A pesar de la indiferencia general, él no se quedó callado como el resto y sacó a este varón del lugar de los hechos.

La discusión fue a mayores. Tanto que, en la plaza de San Martín de la capital madrileña, Quevedo acabó asestando una estocada mortal al agresor. Un asunto que le obligó a abandonar España y acabar a la sombra del Duque de Osuna, que en ese momento era Virrey de Sicilia. No obstante, cuatro años después volvió junto con el mandatario para conseguir el Virreinato de Nápoles, lugar en el que el escritor sería embajador.

  Para el recuerdo, aquellos visitantes que se acerquen a la plaza de San Martín podrán leer debajo del nombre del lugar una placa conmemorativa en la que se puede leer lo siguiente: “En esta plaza hirió mortalmente Francisco de Quevedo a un caballero el Jueves Santo de 1611 en defensa de una dama”.

Teatro. El escondido y la tapada De Pedro Calderón de la Barca

 








El escondido y la tapada

De Pedro Calderón de la Barca


  Siempre supone un acontecimiento teatral ampliar el canon de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. En esta ocasión, con una comedia deliciosa y delirante de nuestro gran autor don Pedro Calderón de la Barca: El escondido y la tapada. Escrita entre 1635 y 1636, fue encargada para la compañía del famoso «autor de comedias» Antonio del Prado, si no es que lo hiciera directamente la Casa Real, donde se representó el 3 de abril de 1636. Su primera publicación fechada data del año 1657. La obra, pues, es heredera de títulos tan conocidos como La dama duende, Casa con dos puertas, mala es de guardar o El galán fantasma.

   Nos encontramos ante un Calderón maduro, que domina con maestría la técnica del enredo y que, fiel a la tradición de las comedias de capa y espada, entreteje duelos de honor, identidades ocultas, confusiones, enredos amorosos y un humor vibrante que desborda el juego teatral.

Es una obra de carácter urbano, en la que no pasa inadvertida la crítica a las normas sociales impuestas sobre el honor de la mujer y su control por parte del hombre. Calderón sitúa a esta en el centro de la acción dramática: ella es quien enreda, quien desobedece, quien rompe con la actitud decorosa que se espera de su género. Rebeldía, libertad sexual, juego de ocultaciones y búsqueda de la propia identidad frente a lo establecido son algunas de las características de El escondido y la tapada.

  Por todo ello, es un privilegio dirigir esta fantástica comedia de Calderón de la Barca y hacerlo, además, como carta de presentación de la séptima promoción de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico. Un doble acontecimiento teatral en el que el talento de las jóvenes actrices y los jóvenes actores se fundirá con la riqueza de este maravilloso texto, que por primera vez llega al escenario del Teatro de la Comedia.

Beatriz Argüello


Reparto


Sam Arribas

Jordan Blasco

Luis Espacio

Laura Ferrer

Zoe da Fonte

Diego Garisa

Belén Landaluce

Julio Montañana Hidalgo

Gabriel de Mulder

Anna Nácher

Andrea Real

Andrea Santos


Equipo


Escenografía

Alessio Meloni (AAPEE)

Composición original y diseño de sonido

Yaiza Varona

Ayudante de dirección

David Roldán Oru

Vestuario

Ikerne Giménez

Movimiento escénico

Andoni Larrabeiti

Ayudante de escenografía

Mauro Coll

Ayudante de vestuario

Lua Quiroga Paúl

Iluminación

David Picazo

Asesor de verso

Ernesto Arias

Ayudante de Iluminación

Marina Cabrero

Versión

Carolina África

Dirección

Beatriz Argüello

Producción

Compañía Nacional de Teatro Clásico

viernes, 10 de abril de 2026

Iglesias de Madrid. Ermita de Santa María la Antigua

   
  Santa María la Antigua está situada entre el solar de la antigua cárcel de Carabanchel y el antiguo cementerio de Carabanchel Bajo. Fue levantada en estilo románico-mudéjar en el siglo XIII, aunque tiene algunos elementos del siglo XII y conserva en muy buen estado su primitiva estructura medieval.
   

   La ermita tiene un extraordinario valor pues se trata del templo mudéjar más antiguo de toda la Comunidad de Madrid, además de ser la única ermita mudéjar que se conserva completa. 

     Se asienta sobre un enclave que estuvo poblado desde tiempos prerromanos. Los trabajos de restauración llevados a cabo en el templo en el año 1998 han puesto al descubierto restos arqueológicos de origen carpetano y romano, como cerámicas, losas y ánforas. Está levantada sobre una villa romana de los siglos II y III. Es posible que durante las épocas visigoda y andalusí existiera un templo anterior. 

   En el siglo XIII aparecen las primeras referencias escritas de la ermita. Entonces funcionaba como iglesia parroquial de Carabanchel, bajo la advocación de Santa María Magdalena. La tradición sitúa en esa iglesia dos de los milagros (el del lobo y el de la hogaza de pan) atribuidos a San Isidro (1080-1172), santo que vivió dos siglos antes de que se iniciara la construcción del edificio actual.   

    A finales del siglo XV su entorno quedó despoblado y fueron fundadas dos nuevas localidades, conocidas como Carabanchel Alto y Carabanchel Bajo, donde se redistribuyeron los habitantes del primitivo núcleo urbano. Ambas poblaciones fueron dotadas con sus respectivas iglesias, con lo que en el siglo XVI el templo de Santa María Magdalena perdió su rango parroquial y fue convertido en ermita, quedando consagrado a Santa María la Antigua y adscrito a la Iglesia de San Sebastián Mártir (Madrid), situada en Carabanchel Bajo.

   En el siglo XVII se procedió a su mejora, ampliación y reforma, con motivo de la canonización en 1622 de san Isidro, y en 1860 se convirtió en el lugar de celebración de los funerales de María Francisca Palafox Portocarrero y KirkPatrick, duquesa consorte de Alba y hermana de la emperatriz Eugenia de Montijo, siendo enterrada en ella por expreso deseo de su amigo José Osorio y Silva, duque de Sesto y marqués de Alcañices que entonces era alcalde de Madrid. Fue enterrada allí y posteriormente trasladada al panteón familiar del monasterio de la Inmaculada Concepción de Loeches.   

  Hay que señalar que esta pequeña iglesia bajo la advocación de Santa María Magdalena se une a la figura de San Isidro Labrador por ser este el sitio en el que, según la tradición, el santo iba a orar y a dar agua a sus bueyes. Es, en este lugar, donde se cuenta que el santo realizó alguno de sus milagros, y por ello tras la canonización de San Isidro en 1622 se convierte en un lugar de peregrinación. La tradición desaparece con el paso del tiempo aunque a finales de los años 90 la Congregación del Carmen de Carabanchel la recupera haciendo una romería popular hasta las puertas de la ermita, con reparto de limonada y de las pastas "delicias de la antigua".

   La ermita tiene planta rectangular y mide 12,20 m de largo y 9,85 m de ancho. Es de tres naves, aunque cabe pensar que, originalmente, sólo constaba de una y que las dos laterales fueron añadidas en una época posterior. De su trazado primitivo del siglo XIII, se conservan en buen estado la cabecera, la torre y el muro meridional, en el que se localiza la portada.

La cabecera está orientada al este, pauta habitual en la mayor parte de los templos religiosos medievales. Integra un ábside semicircular con bóveda de cuarto de esfera, realizado en mampostería y verdugadas de ladrillos, distribuidas paralelamente. Éste se une al cuerpo principal mediante un tramo rectangular en el presbiterio, de mayor anchura que el absidial y cubierto con bóveda de cañón.

   Los elementos decorativos del exterior del ábside son escasos. Se limitan a la presencia de una serie de canecillos de rollo, hechos en ladrillo y situados bajo el alero. En su parte central, se abre una ventana de perfil toledano, conformada por un arco de herradura apuntado.

   Con respecto al cuerpo principal, presenta idéntica fábrica que la cabecera, excepción hecha de la sacristía y de una casa adosada al muro este, probablemente incorporadas en la reforma del siglo XVII. En estos casos, la mampostería se alterna con cajas rectangulares de ladrillo.

Las tres naves se cubren con techumbre de madera y aparecen separadas por cuatro pilares. Quedan unidas al presbiterio mediante un arco triunfal de herradura, apuntado y doblado, trasdosado por otro arco polilobulado.

   Como se ha citado, la portada se encuentra en el muro sur. Es de ladrillo y está dispuesta en saliente, con cierta inclinación hacia el suelo. Se trata de una caja rectangular, en la que se integran tres arcos arquivoltados. Son de medio punto y el central presenta doce lóbulos. Sus apoyos siguen las pautas características de la arquitectura mudéjar y consisten en ladrillos cortados en forma de nacela, debajo de los cuales se ubican las jambas en degradación.

    Uno de los elementos más singulares del conjunto es su torre, dada su reducida planta rectangular. Mide 5,70 m de largo, 2,25 m de ancho y 20 m de alto. Es maciza en su primer cuerpo y, en esta parte, presenta la misma fábrica que el cuerpo principal y la cabecera, aunque con variaciones, provenientes de las cajas de ladrillos instaladas en sus esquinales. Estas son desiguales en cuanto a tamaño y número.​

   El segundo cuerpo de la torre es hueco y está construido enteramente en ladrillo. En su tramo superior, aparecen seis vanos (dos por cada lado largo y uno en cada lado ancho), donde se alojan dos campanas, realizadas en la primera mitad del siglo XX. Los vanos se cierran mediante un sistema de falsos arcos apuntados, abiertos por la aproximación de las hiladas de los ladrillos.

En su origen, la torre carecía de escalera. La existente en la actualidad en su cara norte es fruto de alguna reforma posterior.

    Los elementos ornamentales se concentran preferentemente en el interior, donde aparecen restos pictóricos de la Edad Media. Destaca la estructura de madera ubicada junto al muro de poniente, con pinturas sobre la vida de San Isidro, así como diferentes motivos geométricos, en los que dominan los colores rojo y negro. También se conserva una pintura al temple con el escudo del Reino de Castilla. En 2020, durante una restauración, aparecieron también pinturas sobre la vida de María Magdalena, datadas en el siglo XV.