miércoles, 5 de febrero de 2014

Las dos caras de El entierro del señor de Orgaz.. El anverso.

   El cuadro El entierro del señor de Orgaz, popularmente llamado El entierro del conde de Orgaz, es un oleo sobre lienzo, pintado en estilo manierista por El Greco entre los años 1586 y 1588.  Fue realizado por encargo de la parroquia de Santo Tomé de Toledo y costeado, por imperativo legal, por los vecinos de la villa toledana de Orgaz.  Se considera una de las mejores y más admiradas obras del pintor.
  El lienzo cuenta la historia de Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de Orgaz, no conde, ya que la villa de Orgaz no fue condado hasta el 1522. Dicho noble era un hombre piadoso y benefactor de la parroquia de Santo Tomé. No en vano la iglesia fue reedificada y ampliada en 1300 a sus expensas. Al morir el 9 de diciembre de 1312 o 1323 dejó en su testamento  una manda que debían cumplir los vecinos de la villa de Orgaz. La manda era tan generosa que  por sí misma habría bastado para perpetuar su memoria entre la feligresía:  " páguese cada año para el cura, ministros y pobres de la parroquia 2 carneros, 8 pares de gallina, 2 pellejos de vino, 2 cargas de leña, y 800 maravedís" 
  Continúa la historia explicando que, pasados 200 años, en 1564, Andrés Núñez de Madrid, advirtió el incumplimiento por parte de los habitantes de la localidad toledana. Hacía años que habían dejado de entregar los bienes estipulados en el testamento de su señor y reclamó la manda ante la Chancillería de Valladolid.
  En 1569 el párroco de Santo Tomé ganó el pleito y recibió lo retenido (cantidad considerable por los muchos años impagados). Quiso además perpetuar para las generaciones venideras al conde, señor de la villa de Orgaz  encargando el epitafio en latín, que se encuentra a los pies del cuadro. En la inscripción  -además del pleito emprendido por el párroco- se narra el suceso prodigioso que ocurrió durante el entierro del señor de Orgaz, dos siglos antes. 
   La tradición que existía en Toledo relata que en 1327, cuando se trasladaron los restos del señor de Orgaz desde el convento de los agustinos a la parroquia de Santo Tomé, San Agustín y San Esteban descendieron desde el cielo para, con sus propias manos, colocar el cuerpo en la sepultura. Mientras, los admirados asistentes a la inhumación escuchaban una voz que decía:“Tal galardón recibe quien a Dios y a sus santos sirve”.
   Para presidir la capilla mortuoria del señor de Orgaz, don Andrés Núñez de Madrid encargó el trabajo a un pintor feligrés y parroquiano, que por entonces vivía de alquiler a pocos metros de allí, en las casas del Marqués de Villena. El 15 de marzo de 1586 se firmó el acuerdo entre el párroco, su mayordomo y El Greco en el que se fijaba de forma muy precisa la iconografía de la zona inferior del lienzo, que sería de grandes proporciones. Se puntualizaba de la siguiente manera: en el lienzo se ha de pintar una procesión, (y) cómo el cura y los demás clérigos que estaban haciendo los oficios para enterrar a don Gonzalo Ruiz de Toledo señor de la Villa de Orgaz, y bajaron San Agustín y San Esteban a enterrar el cuerpo de este caballero, el uno teniéndolo de la cabeza y el otro de los pies, echándole en la sepultura, y fingiendo alrededor mucha gente que estaba mirando y encima de todo esto se ha de hacer un cielo abierto de gloria .... El pago se haría tras una tasación y habiéndose recibido a cuenta la cantidad cien ducados. Asimismo, se marcaba el plazo de finalización de la obra en la Navidad de ese mismo año de 1586.
  El trabajo se alargó hasta finales de 1587. En una primera tasación, el Greco evaluó su obra en 1200 ducados , “sin la guarnición y el adorno”. La cantidad le pareció excesiva al buen y práctico párroco.     Reclamó el párroco y trató de renegociar el precio final de la obras. Así que dos nuevos pintores tasaron por segunda vez el enorme cuadro en 1700 ducados. Ante el nuevo desastre, recurrieron cura y mayordomo ante el Consejo Arzobispal , que decidió retornar al primer precio. El Greco se sintió entonces agraviado y amenazó con apelar al Papa y a la Santa Sede para defenderse de tamaño atropello. Finalmente, sin embargo, el pintor se avino a razones. Sin duda trataba de evitar los previsibles retrasos en el cobro  y los costosos gastos procesales. El 30 de mayo de 1588, el consejo aceptó la renuncia del pintor a apelar y resolvió que la parroquia le abonara los citados 1200 ducados, concertándose el 20 de junio ambas partes y saldándose la deuda en 1590.
   Esta es la historia oficial: este es el anverso del cuadro del Entierro del señor de Orgaz.
¿Quién no ha sentido alguna vez la tentación de dar la vuelta a un cuadro?  Eso, precisamente, es lo que yo he hecho. ¿Qué es lo que he encontrado? Lo contaré en el próximo artículo.
  

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