Señor Wert, Ministro de Educación y Cultura, ayer puso usted la guinda al pastel de despropósitos que ha ido cocinando desde el lamentable día en que su jefe de gobierno, a la sazón don Mariano Rajoy, le nombró responsable del citado ministerio.
Señor Ministro, se pueden hacer cosas o no, acertar o fallar, pero por encima de todo eso, señor Ministro, está la responsabilidad, el saber estar y las formas.
Ministro, señor Wert, ayer usted falló en las formas y en los modos, poniendo en evidencia que le falta, precisamente, lo que a usted le han encomendado guiar y liderar en el país: la educación y la cultura.
En un político, no es buena señal esconderse sin defender sus ideas y decisiones. Usted, señor Wert, no es el ministro del Partido Popular, ni del gobierno Rajoy, ni tan siquiera de los que votaron a su formación. Usted, señor, es el ministro de todos los españoles y no puede dejar por los suelos el prestigio de España, a la que dice querer tanto.
Señor ministro, hay una cosa en este país, el suyo y el mío, que se llama vergüenza torera y que consiste en presentarse delante del publico a pesar de saber que la actuación no ha gustado al respetable y someterse a su voluntad, aunque eso acarree algún almohadillazo que otro.
Señor Wert, Ministro, ahora solo quedan dos caminos: dimitir -que sería lo más normal en otro país democrático- o continuar. Si finalmente, se decide por lo segundo, hágalo con valentía, con respeto hacia todos los que representa, saque la cabeza de la arena. Deje, señor Wert, Ministro, de hacer el Awertruz.
A mí solo me queda un camino: mandarle a la mierda. Pero mire, Ministro, señor Wert, me da pena y no lo voy hacer. No lo voy a hacer por educación. Fíjese que, cuando yo estudiaba, usted todavía no era ministro. Una suerte.
En un político, no es buena señal esconderse sin defender sus ideas y decisiones. Usted, señor Wert, no es el ministro del Partido Popular, ni del gobierno Rajoy, ni tan siquiera de los que votaron a su formación. Usted, señor, es el ministro de todos los españoles y no puede dejar por los suelos el prestigio de España, a la que dice querer tanto.
Señor ministro, hay una cosa en este país, el suyo y el mío, que se llama vergüenza torera y que consiste en presentarse delante del publico a pesar de saber que la actuación no ha gustado al respetable y someterse a su voluntad, aunque eso acarree algún almohadillazo que otro.Señor Wert, Ministro, ahora solo quedan dos caminos: dimitir -que sería lo más normal en otro país democrático- o continuar. Si finalmente, se decide por lo segundo, hágalo con valentía, con respeto hacia todos los que representa, saque la cabeza de la arena. Deje, señor Wert, Ministro, de hacer el Awertruz.
A mí solo me queda un camino: mandarle a la mierda. Pero mire, Ministro, señor Wert, me da pena y no lo voy hacer. No lo voy a hacer por educación. Fíjese que, cuando yo estudiaba, usted todavía no era ministro. Una suerte.

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