"Dios los cría y ellos se juntan " o "Dos que duermen en el mismo colchón, se vuelve de la misma condición" El refranero español es es muy sabio y a nuestra insigne alcaldesa de Madrid le sucede lo mismo que a su no menos insigne marido.
Recordemos cómo el alcalde consorte, en cuanto pasaba unas horas en Estados Unidos, sufría una severa transformación: la boca se le torcía, la lengua se le suavizaba, las cuerdas vocales se le relajaban y hablaba con acento mejicano. En cuanto se le olvidaban las formas, los modos y los modales que tanto les costó a los hermanos marianistas inculcarle, de inmediato ponía los pies encima de las mesas, eso sí, sin descalzarse. Todo un detalle.
A nuestra querida alcaldesa - recuerdo, no votada-, le ha pasado lo mismito: en cuanto ha puesto los pies en el Berlín de Alemania, ha sufrido un sirocazo por todo su cuerpo. A resultas de ello, las primeras declaraciones que ha dado es que, ahora, está a favor de los homosexuales alemanes. ¡Vamos! ¡Vamos! y ¡Vamos! ¿A dónde vamos a llegar,Virgen María?
No recuerda esta mujer la lección magistral que impartió sobre las peras y las manzanas. Se le han olvidado todas las pegas y trabas que puso y pone a los empresarios de Chueca y las multas millonarias impuestas a los organizadores del orgullo. Esto ha sido como la bajada del Espíritu Santo en Pentecostés otorgando el don de lenguas a los apóstoles.
No recuerda esta mujer la lección magistral que impartió sobre las peras y las manzanas. Se le han olvidado todas las pegas y trabas que puso y pone a los empresarios de Chueca y las multas millonarias impuestas a los organizadores del orgullo. Esto ha sido como la bajada del Espíritu Santo en Pentecostés otorgando el don de lenguas a los apóstoles.
Imagino a Rouco tirándose de los pelos, a la milicia de Cristo en alerta máxima y a los de la obra, del último no numerario al máximo numerario, reza que te reza rosarios para que doña Ana pise de nuevo el suelo patrio y vuelva a su ser.
¡Pobre alcaldesa! ¡Qué incomprendida! No se dan cuenta de que ella es la misma, la de siempre, que para ella el homosexual español es un maricón y que el maricón alemán adinerado es homosexual. Doña Ana no se ha apartado ni se apartará nunca de su regla dorada, que dice: "A Dios rogando y con el mazo dando".
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