La otra mañana suena el teléfono de mi casa, descuelgo y:
- Dígame.
- ¿Doña ------- ?
- No se puede poner. ¿Qué deseaba?
- ¿Quién es usted?
- Yo, soy su marido. ¿Le puedo ayudar en algo?
- Bueno, soy fulanita de tal, de la oficina de Virgen el Sagrario de BANKIA.
- Si, dígame.
- Pues, que tiene un préstamo concedido de 30.000 € con tal solo solicitarlo. ¿Qué le parece?
- Bien, pero no lo necesitamos.
- Si van hacer una reforma o van a cambiar de coche..., les vendría muy bien.
- Ya, pero es que no es el caso.
- No importa, como lo tienen concedido, se quedan con el dinero en su cuenta y luego con más tranquilidad deciden en qué gastarlo. ¿Qué le parece?
- Bien. Me parece bien, pero no la estoy entendiendo. ¿Quiere decir que ustedes me van a cobrar por este dinero lo mismo que me pagan por el dinero que tengo en la cuenta corriente?
- ¡Ah, no! claro que no. Usted tiene que pagar los intereses del préstamo.
- Muchas gracias señorita por su amabilidad y por recordarnos que deberíamos cerrar la cuenta corriente que tenemos abierta en su patio de Monipodio.
- Adiós, buenos días.
¿No os suena a venta de preferentes? ¿No han tenido bastante? o es que han salido demasiado bien.
¡Por Dios! ¡Qué país!
No hay comentarios:
Publicar un comentario