miércoles, 30 de abril de 2014

Homenaje a El Greco

   Doménikos Theotokópoulos, más conocido como el Greco, está siendo homenajeado en el cuatrocientos aniversario de su muerte. Para esta conmemoración se han programado multitud de exposiciones, conciertos y actos que se irán desarrollando a lo largo del presente año 2014.
   Por primera vez se exponen en la ciudad de Toledo gran cantidad de obras. Muchas de ellas se encuentran dispersas por todo el mundo pero se suman a las residentes en la ciudad con la intención de homenajear a su creador: El  Greco. 
   La exposición se puede catalogar de excepcional ya que ,incluso, se han logrado acuerdos para abrir una capilla privada en la que cuelgan obras originales que no se habían expuesto desde hace años. A ello hay que añadir  que se han traído cuadros pertenecientes a colecciones públicas y privadas. Desde el presente mes de abril, Toledo se ha convertido más que nunca en la ciudad de El Greco. Se trata así de de desagraviar, cuatrocientos años después de su muerte, a un maestro de la pintura tan mal tratado por la cicatera sociedad eclesiástica y civil de la época. 
   La pena es que después de tanto esfuerzo, de tanto trabajo, de tantas negociaciones, de tanto talento y sabiduría invertida en la preparación de este año del Greco en Toledo, todo el andamiaje se desmorone y se ensucie por la mala, malísima organización de la exposición. Resulta  lamentable y hasta bochornoso que un acontecimiento tan importante para la ciudad de Toledo, se deje en manos de aprendices dados a la chapuza y a la improvisación.
   No se comprende que el control de horarios y accesos a las salas quede al criterio de un guardia de seguridad, sin ninguna preparación para estas labores, ni para el trato con la gente educada que se aproxima  tranquilamente a los accesos. No se puede admitir un trato tan desconsiderado al público. El visitante tiene la sensación de estar a la puerta de una discoteca para adolescentes a los que no se respeta, o quizá de ser un recluta durante los primeros días de instrucción."¡Señorita, despéjeme la puerta! ¡Vamos, hagan fila de a dos!". No se puede retrasar la entrada de grupos con hora señalada y mantener la hora de salida; no se puede visitar una exposición de pintura con el acoso de un guardia de seguridad empeñado en que se pase rápidamente por los cuadros y se abandone cuanto antes el recinto. No puede tener más autoridad  un guardia de seguridad que el personal especializado de la exposición.
  Mientras tanto, la seguridad de la exposición es inaceptable: no hay arcos de metales, ni escaner de mochilas, ni la suficiente distancia de protección ante los cuadros.
   No hay derecho a que una espléndida exposición sobre un extraordinario artista, tenga que soportar tan desastrosa organización paramilitar.  

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