Doña Esperanza cabalga de nuevo. No contenta con su penúltimo resbalón por la Gran Vía madrileña, huyendo de los agentes y con el amparo de ser una sexagenaria, Doña Esperanza marcha a Sevilla para dar el pregón de apertura de la feria taurina de la ciudad.
En un alarde de ignorancia, intransigencia y patriotismo trasnochado, propio de derechistas ultramontanos, se descalza con las manifestaciones de que "Los antitaurinos son los que quieren deshacer España" o que "Los antitaurinos no son españoles".
No sé qué excusa sacará ahora, porque ni siquiera vale el calentón de boca o las copitas de fino, ni el rebujito, ya que el pregón lo llevaba escrito. Solo se me ocurre que doña Esperanza tenga negros que le escriben los pregones y hayan colado este sapo.
Doña Esperanza, flaco favor está haciendo a los sexagenarios, a los populares, a los taurinos, a los madrileños, a los españoles, a los negros y a los blancos.

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