El asunto de doña Esperanza, los pobrecillos agentes de movilidad, la patrulla de municipales, la pareja de la guardia civil y todo lo que ha venido después suena a charanga y pandereta, huele a tiempos pasados que creíamos ya superados, sabe a guión de película de Almodóvar, a sainete de los Quintero y a amarga novela picaresca.
No sé si debido al retroceso experimentado por el país o a que las viejas heridas cerraron en falso, lo cierto es que en este incidente han aflorado hábitos y comportamientos más propios de los tiempos del "general patas cortas" que de una democracia constitucional consolidada.
En el episodio protagonizado por nuestra aristócrata expresidenta hay muchos aspectos que puntualizar y muchas preguntas que lanzar al aire:
En el episodio protagonizado por nuestra aristócrata expresidenta hay muchos aspectos que puntualizar y muchas preguntas que lanzar al aire:
1.- Hay que tener una arrogancia desmesurada -o una insolencia meridiana- para atreverse a parar en el carril bus en plena Gran Vía con la excusa de sacar dinero en un cajero, con la seguridad absoluta de que podía hacerlo impunemente.
2.- El absoluto desprecio por las molestias ocasionadas al resto de ciudadanos denotan el inmenso desprecio que, en el fondo, siente hacia todos nosotros, a los que considera inferiores y vasallos.
3.- Las excusas que nos ha ofrecido son burdas e infantiles, propias de alguien que no asume las responsabilidades. De alguien que hace recaer sobre los demás las consecuencias de sus errores. "Había parado un taxi y aproveché para..." "solo fue un minuto..." "la motocicleta del agente sí que estaba mal aparcada"
4.- Su reacción ante la sanción es de desprecio, chulería y falta de respeto hacia los agentes de la autoridad y hacia el colectivo de personas a quienes representan: los ciudadanos de Madrid capital.
5.- Las acusaciones de machismo y prepotencia, cuando menos, son de una maldad retorcida, mal intencionada y revanchista hacia los agente de la autoridad.
6.- El comportamiento de los agentes no es, ni mucho menos, ejemplar. O si no, ¿por que permite la policía municipal que llegue el vehículo de la Señora Aguirre llegue a su domicilio? ¿Porqué no lo intercepta o lo detiene con los métodos adecuados? ¿Habrían actuado de igual forma con cualquier ciudadano? Si esta señora en vez de vivir en Malasaña, viviera en Alcorcón ¿habrían ido en caravana hasta allí? ¿sucede, quizá, que los municipales estaban un poquito "acojonaos"?
7.- La pareja de la Guardia Civil que sale del domicilio de doña Esperanza con la intención de rellenar un parte amistoso se comportan como si pertenecieran -junto con su doncella y su mayordomo- al personal de servicio. ¿Por qué tratan de encubrir una infracción y a su ejecutor? cuando su obligación es, por el contrario, denunciar los presuntos delitos.
8.- Después de pedir perdón por aparcar y por derribar la moto, doña Esperanza insiste en descalificar a los agentes, al llamarles agentes de inmovilidad y decir que están obsesionados con multar. No tiene dolor de los pecados, ni propósito de enmienda. Volvería a repetir su hazaña sin pestañear.
9.- La mayoría de los políticos del PP, ante este hecho, no se pronuncian. Muy al contrario, tiran balones fuera. "Hay un procedimiento abierto" "La ley tiene sus cauces" ¿Habrían dicho lo mismo si en vez de doña Esperanza hubiera sido Alfonso Guerra? ¿Los políticos de este país tiene dos varas de medir?
10.- ¿Los políticos del mismo partido deben tener entre ellos alguna cuenta pendiente para tener opinión? ¿Es el caso de doña Botella ?
11.- ¿Volverá doña Esperanza a pedir la confianza a los ciudadanos?
Para concluir, me viene a la memoria el viejo refrán castellano que dice: "Quién tiene vicio, si no lo hace en la puerta, lo hace en el quicio". Estoy seguro de que doña Esperanza volverá a aparcar en doble fila, a invadir los carriles bus y a deambular por Madrid como si de su cortijo se tratara.
11.- ¿Volverá doña Esperanza a pedir la confianza a los ciudadanos?
Para concluir, me viene a la memoria el viejo refrán castellano que dice: "Quién tiene vicio, si no lo hace en la puerta, lo hace en el quicio". Estoy seguro de que doña Esperanza volverá a aparcar en doble fila, a invadir los carriles bus y a deambular por Madrid como si de su cortijo se tratara.
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