Yo nací blanco, blanco de piel, blanco de mente, con el alma blanca -según algunos-, blanco de corazón, hasta la médula blanca. Esto no es mejor ni peor, esto así y punto.
Cuando era más, pero mucho más, muchísimo más joven, los resultados de los blancos condicionaban mi estado de ánimo. Por motivos futbolísticos podía pasar de la alegría más exultante a la decepción más profunda. Bueno, esto último no ocurría casi nunca porque los blancos no estamos muy acostumbrados a las penas.
Ahora continúo siendo blanco, pero un blanco amable, diríamos de salón, un blanco para pinchar a los amigos del atlético de forma sana y divertida.
Hoy 18 de mayo, quiero felicitar al eterno rival, a los eternos sufridores, a los pupas emperdernidos. Os quiero felicitar por vuestra liga, por vuestro triunfo y, sobre todo, por lo que os gusta más que nada: habernos ganado y bien ganado.
Este día -solo este día- voy a ser de los vuestros, sí, pero solo de las franjas blancas, no vayamos a exagerar. Eso no impide que me sienta orgulloso por vuestro espíritu, por vuestra lucha, por vuestra entrega, por ser un ejemplo para todos. Habéis competido contra el poder económico, el poder mediático, ha sido la guerra de David contra Goliat y habéis ganado.
Los ciudadanos deberíamos trasladar vuestras virtudes a la vida diaria y conseguir lo mismo que vosotros: derrotar a los grandes monstruos que apisonan todo lo que encuentran en su camino.
Muchísimas Felicidades para todos los Atléticos. No obstante, perdonadme por presentir que el sábado que viene a las 11 de la noche estaréis un poquito más tristes.
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