Desde hace unos años hemos creado una sociedad en la que todo se maquilla, se encubre, se suaviza. Se endosan nombres rimbombantes que no entiende nadie a cosas que desde que el mundo es mundo han tenido su nombre y apellidos.
Esta mañana he oído -en no importa qué emisora de radio- que se ha producido un aumento del trabajo de baja intensidad. ¿Sabéis qué es esto? Yo, desde luego, no lo sabía. Al parecer, se aplica tan sonora denominación a los trabajos cuya remuneración no cubre las necesidades básicas de la familia que tiene la mala suerte de percibirla. Tan indignante realidad siempre se ha conocido, simple y llanamente, con el nombre de esclavitud. Y a los que la practicaban se les llamaba tratantes de esclavos o negreros.
La noticia correcta seria: "con la crisis, ha aumentado de forma alarmante el número de esclavos, sin embargo, afortunadamente, se mantiene el número de negreros".
Nuestros jóvenes, con independencia de su preparación, tienen que someterse a lo que llaman: "Contratos en prácticas" y, digo yo, si los chicos acuden todos los días al curro, trabajan como uno más, cubren vacaciones, enfermedades o embarazos y reciben en el mejor de los casos 300 o 400 euros, -o incluso, nada- amparándose en el prestigio y buen nombre de la empresa que los ha contratado y lo bien que se va a ver escrito su nombre en el currículum, ¿no son, acaso, esos contratos en prácticas propios de esclavos? ¿No se comportan esas super empresas nacionales y multinacionales, como unos negreros?
Pues entonces, ¿Por qué lo llaman prácticas, cuando quieren decir sometimiento y yugo?
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