Arzua - Lavacolla
La mañana comenzó tempranito, ya no hace falta que nos despierte nadie, el cansancio hace el trabajo. Después de un ligero desayuno, a las 7,15 ya estaban nuestros cuerpos dedicados a la labor obsesiva que venimos desarrollando desde hace quince días: andar, andar y andar.
Hoy no hemos tenido un rato de tregua, el calor ha sido intenso desde el minuto uno; la senda, preciosa, fragante y luminosa , aunque muy quebrada. Sube y baja, baja y sube, ¡qué horror!
A última hora, la etapa se nos ha hecho interminable. No llegaba nunca la meta y eso es desesperante. Cuando por fín hemos avistado el final, no había caudal ni grifo de agua que saciara nuestra sed.
Quiero hacer mención especial a mi báculo: ha sido un apoyo continuo y un manantial de energía positiva constante. No podría ser de otra forma ya que su facedor, Manolo Ruiz, el maestro bastonero de Molinos de Razón, pone el alma de artista en todas sus obras y eso se nota. Muchas gracias, Manolo.
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