jueves, 18 de septiembre de 2014

Palacio de Belvedere


   A la puerta principal del Palacio de Belvedere se puede llegar montado en un tranvía como el de la imagen, en alguna de las bicis aquí abajo aparcadas o dando un paseíto por esta calle, cuyo margen derecho es muy señorial, pero el izquierdo no llega a tanto.



  
    La puerta de entrada, con andamios y vallas incluidas, esconde una gran sorpresa que se desvela nada más traspasar el umbral.



 
    ¿Qué os parece este primer palacio? De cuento, ¿verdad? Pues hay más.






    Esta puerta lateral nos da paso a los jardines posteriores del  primer palacio, o a los jardines principales del segundo. Otra sorpresa nos espera.

 
       ¡Voilà!  Belvedere y sus jardines con la gran Viena al fondo. Hay que estar allí para sentir la fascinación del momento. Pocas ciudades me han causado esa sensación de paz y sosiego al contemplar una estampa de tal bella. Tan solo Florencia vista desde el Palacio de los Pitti.
 










      A partir de aquí hasta el segundo palacio se suceden en diferentes terrazas,  a diferentes alturas, fuentes, estatuas, parterres, alcorques, bancos, escaleras y muchas, muchas flores silvestres.  
 











   Pero sin perder de vista nunca a un palacio y al otro y, como fondo, Viena, siempre Viena. 



    De espaldas y sin volvernos, por miedo a convertirnos en estatuas de sal, dejamos atrás este maravilloso palacio y nos encaminamos hacia Viena, siempre Viena.


Fotografía: J.Ruiz

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