Después de un buen descanso en Ribadesella, paseando por sus playas, admirando sus cuevas con sus pinturas, observando cómo el Sella y el Cantábrico se unen suavemente no sabiendo en algún momento quién es quién, continuamos viaje.
De nuevo la belleza nos obliga a abandonar la costa y a internarnos en los próximos Picos de Europa para visitar Cangas de Onís, Covadonga y sus emblemáticos lagos, donde se toca el cielo con la punta de los dedos y la naturaleza te envuelve con su belleza.













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