Llegamos a Gijón buscando ambientes urbanos. Llevamos muchas jornadas recorriendo pueblos costeros, sentimos necesidad de pisar asfalto y contemplar ladrillos y hormigón.
Comienza nuestro paseo por la ciudad junto al río Piles. Nos olvidamos del tiempo en el parque de Isabel la Católica, donde podemos admirar pavos reales, patos, estanques y, sobre todo, una espectacular pajarera. Nos sentamos junto al viejo molino, hoy convertido en Parador de Turismo y dejamos que nuestra imaginación vuele por encima de los árboles en busca del mar.
Salimos de nuestro sueño por la desembocadura del río y comienza nuestra caminata interminable junto a la playa de San Lorenzo, donde los niños juegan al balón y los no tan niños corren atléticamente por el paseo.
Pasamos por la escalerona, camino de Cimadevilla con el ayuntamiento, plaza mayor, restos romanos, iglesia de San Pedro y subimos al cerro de Santa Catalina hoy coronado por la escultura El elogio de Horizonte, obra de Chillida.
Desde aquí podemos mirar al horizonte, contemplar Gijón desde las alturas y darnos cuenta que aquí, en Asturias, las ciudades están llenas de verde y azul.
Una vez llenos de aire marino y olor a hierba fresca, podemos bajar a la ciudad a pasear por las calles, a saborear su rica gastronomía (fabes, oricios, pescado), la finísima pastelería y, también a disfrutar de sus gentes, que son anfitriones perfectos con sus visitantes.
Fotografia: J Ruiz




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