domingo, 8 de febrero de 2015

La nueva aritmética. 4 + 0 = 5 ó 3 + 0 = 5 y 5= 4 = 3.



  No hace mucho tiempo las carreras universitarias duraban cinco cursos. Una vez terminados y aprobados, los recién licenciados procuraban encontrar trabajo o continuar la vida académica con los estudios de doctorado y la preparación de su tesis doctoral. 

  Hace seis años, con la implantación del plan Bolonia -que pretendía la homologación de los estudios superiores de la Unión Europea, la promoción del intercambio de alumnos y la excelencia de la calidad educativa-,  surgieron los llamados estudios de grado, cuyos programas se fijaron en cuatro cursos. A estos estudios vinieron a sumarse los cursos de posgrado, es decir, los tan conocidos másteres. 
   Ahora, que apenas han salido las primeras promociones de Bolonia, las autoridades educativas se descalzan con que los grados o carreras se van a concretar en tres cursos a los que se añadirán dos más optativos, en calidad de másteres.
   Pues bien, el señor Wert, nuestro ínclito ministro de Educación, nos cuenta, nos dice, que con este nuevo programa se acortarán los tiempos de tal manera que, en tan solo tres años, los nuevos graduados podrán buscar trabajo. Hecho que, a juicio del mencionado señor Wert, abaratará significativamente los costes de la formación universitaria, dado que los jóvenes no tendrán obligación de cursar los másteres. Estos quedan reservados solo para aquellos que quieran profundizar en las especialidades elegidas. 
   Cuando uno oye decir estas cosas al ministro, con rapidez y con un timbre de voz desagradable y despótica, como mínimo te deja parado -cuando no semi convencido. 
   Tras la sorpresa inicial, empiezas a darle vueltas a la cabeza y te das cuenta de que hay algo que no cuadra, -a mí, por lo menos, no me cuadra. Lo mire como lo mire.
   Si antes, para ser matemático, se necesitaban cinco años, ahora solo cuatro y dentro de poco tan solo tres. Una de dos, o en los cinco años se perdía mucho tiempo o en los cuatro o tres hay materias que no se ven ni por el forro. 
 
 Por otro lado, me pregunto ¿De qué van a trabajar los matemáticos sin másteres? ¿Dónde van a trabajar? ¿Van a poder competir en igualdad de condiciones con los poseedores de masteres?
   Debemos tener en cuenta que las empresas van a pagar lo mismo: mil euros, en el mejor de los casos, tanto a los con master como a los sin él. Por otro lado, ¿a quién  van a contratar?  ¿Ustedes a quién contratarían? 
   El ministro lo tiene claro, aunque no lo dice. En su ministerio, una de las mayores empresas con potencia de empleo del país, no se puede ejercer la docencia sin tener realizado el master del profesorado. 
  Puestas así las cosas, está claro cual es el objetivo de las reformas de los estudios universitarios: el económico. Por el mismo motivo, este debe ser el argumento principal para rechazar y derogar este proyecto, en cuanto sea posible. 
  El coste de cualquier master de medio pelo -que los hay y más de lo que se piensa-, ronda los 7.000 euros. Si son dos los que hay que cursar, estamos hablando de 14.000 euros. ¿Es clasista el proyecto? ¿A quién se intenta cortar el acceso? 
   A mí todo esto no me cuadra. Posiblemente será que yo no asistí al colegio elitista de los hermanos marianistas de Santa María del Pilar, como el Ministro y no me enseñaron la nueva aritmética que dice que 3 + 0 = 5 ó 4 + 0 = 5 y que 3 = 4 = 5,  yo me quedé en 3 + 0 = 3 y 4 + 0 = 4 y que 5  > 3 y > 4, y que se coge antes a un Ministro que a un cojo, perdón, al reves y que, señor ministro, se  ve de qué pie cojea.

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