Son la siete de la mañana, pongo las pies en la calle con la intención de asistir al nacimiento de un nuevo día.
El frío es intenso y la sensación se agudiza con el viento fuerte procedente de Navacerrada. Camino por las calles vacías de peatones, envuelto en una atmósfera mágica que solo se rompe de vez en cuando por el paso de algún vehículo o con el canto del mirlo.
Poco a poco el sol va ganando el terreno a las tinieblas y delante de mis ojos van pasando postales en blanco y negro, sepia, rojo, hasta llegar al triunfo total de la luz.
¡Ha nacido un nuevo día!
Fotografía: J Ruiz
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