2. Las leyes se hicieron para los hombres y no los hombres para las leyes
3. Donde no hay propiedad no hay justicia
4. Las acciones humanas son las intérpretes de nuestros pensamientos
6. El hombre nace libre pero en todos lados está encadenado
7. La felicidad humana es una disposición de la mente, no una condición de las circunstancias
8. Una cosa es demostrar a un hombre que está equivocado, otra es situarlo en posesión de la verdad
9. Las personas somos camaleones, nuestro tono y el color de nuestro carácter se amolda a aquellos que están a nuestro alrededor
10. Pensar amuebla la mente solo con materiales de conocimiento; es pensando que hacemos lo que leemos nuestro
11. Nadie tiene derecho sobre la propiedad de una persona excepto ella misma
12. Hay que perder la mitad del tiempo para poder emplear la otra mitad
14. Los padres se preguntan por qué los arroyos son amargos, cuando ellos mismos envenenan la fuente
15. El conocimiento de ningún hombre de aquí puede ir más allá de su experiencia
John Locke FRS (Wrington, Somerset, 29 de agosto de 1632-Essex, 28 de octubre de 1704) fue un filósofo y médico inglés, considerado como uno de los más influyentes pensadores del empirismo inglés y conocido como el «Padre del Liberalismo Clásico». Fue uno de los primeros empiristas británicos. Influido por las ideas de Francis Bacon, realizó una importante contribución a la teoría del contrato social. Su trabajo afectó en gran medida el desarrollo de la epistemología y la filosofía política. Sus escritos influyeron en Voltaire y Rousseau, pensadores de la Ilustración francesa, así como los revolucionarios estadounidenses. Sus contribuciones al republicanismo clásico y la teoría liberal se reflejan en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y la Declaración de Derechos de 1689.
La teoría de la mente de Locke es frecuentemente citada como el origen de las concepciones modernas de la identidad y del yo, que figuran prominentemente en las obras de filósofos posteriores como Hume, Rousseau y Kant. Locke fue el primero en definir el yo como una continuidad de la conciencia. Postuló que, al nacer, la mente era una pizarra o tabula rasa en blanco. Al contrario de la cartesiana —basada en conceptos preexistentes—, sostuvo que nacemos sin ideas innatas, y que, en cambio, el conocimiento solamente se determina por la experiencia derivada de la percepción sensorial.


No hay comentarios:
Publicar un comentario