La soledad es la gran talladora del espíritu
Y aunque no me quisieras te querría por tu mirar sombrío, como quiere la alondra al nuevo día sólo por el rocío
En la bandera de la libertad bordé el amor más grande de mi vida
El teatro es poesía que se sale del libro para hacerse humana. Y al hacerse humana habla y grita, llora y se desespera
Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña
Mira a la derecha y a la izquierda del tiempo y que tu corazón aprenda a estar tranquilo
La armonía hecha carne, tú eres el resumen genial de lo lírico. En ti duerme la melancolía, el secreto del beso y del grito
La agonía física, biológica, natural de un cuerpo por hambre, sed o frío dura poco, muy poco. Pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida
Porque tú crees que el tiempo cura y que las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad.
Nuestro ideal no llega a las estrellas: es sereno, sencillo. Quisiéramos hacer miel como abejas, o tener dulce voz o fuerte grito, o fácil caminar sobre las hierbas o senos donde mamen nuestros hijos
Hay cosas encerradas dentro de los muros que, si salieran de pronto a la calle y gritaran, llenarían el mundo
Los árboles que cantan se tronchan y se secan. Y se tornan llanuras las montañas serenas. Mas la canción del agua es una cosa eterna
No soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja, sino un pulso herido que presiente el más allá
No hay comentarios:
Publicar un comentario