Con renovadas fuerzas, tras la jornada de semidescanso, afrontamos esta etapa que nos llevará a la localiudad de Chueca. A las 6:30, como clavos, en la plaza con la iglesia como único testigo, comenzamos la andadura. Salimos por el Gaznatillo con dirección al arco de Belén. La mañana está muy agradable y en un periquete estamos a la altura de la ermita del Socorro. En esos momentos, paramos un momento para disfrutar de la salida del sol, tan bonita y diferente.
Al llegar a la cruz vieja, tomamos el camino de Toledo. Los pies agradecen el gran trabajo realizado en la restauración del camino, aunque ha perdido una pizca de naturaleza y autenticidad.
Son las horas en que los conejos comen y beben libremente, los hemos ido asustando con nuestro paso, lo siento, aunque también es verdad que me encanta ver sus carreras y su culete blanco, Entre carrera y carrera, hemos llegado al cruce de caminos. Pegados a la finca de Villaverde continuamos de frente, siempre de frente. Pasamos por debajo de la carretera que une Villaninaya y Sonseca, y entre un hervidero de conejos, llegamos al puente romano y a la peña manaera.
Tras unos minutos para disfrutar del paraje e imaginar a Santa Teresa saliendo de su visita a Orgaz, hemos puesto dirección a Chueca. El trayecto es precioso, plagado de peñas muy interesantes y pinares infranqueables, refugio de la fauna del lugar.
Sobre las 10 de la mañana entramos en el pueblo coqueto y cuidado que es Chueca, la verdad que estaba todo cerrado, pero esa imagen de abandono enamora. Sentados a la sombra en un banco de la puerta de la iglesia, tomamos frutas, agua y de vuelta a Orgaz.
Nuestro hermano Sol nos acompaña y ayuda a aumentar la sensación de agobio en la última hora de etapa.
A las 12:30 entramos en la villa por el arco de Belen y damos por finalizada esta etapa de 26 kilómetros de longitud.













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