miércoles, 24 de agosto de 2022

Madrid, capital de Armenia.


 En la Edad Media,  en el Mediterráneo oriental nació un pequeño reino cristiano.
 Sus pobladores llegaron de Armenia procedentes del Caúcaso, nombraron a su nuevo asentamiento Armenia Menor. Trescientos años más tarde, uno de sus reyes gobernaría sobre Madrid.

  Los armenios huidos de la invasión selyúcida se hicieron fuertes y se aliaron con los cruzados franceses que había llegado para liberar Tierra Santa del infiel. Los reyes de esta «Armenia Chica» consiguieron mantenerse en el trono durante casi 300 años.   

Las relaciones de los armenios con sus reyes nunca fueron del todo fáciles, pues a la sazón, éstos eran musulmanes y los reyes -de la dinastía franca de los Lusignan- más «papistas que el Papa». Por eso, no es de extrañar el júbilo de los armenios cuando en el año 1375 vieron aparecer a los mamelucos egipcios enviados por el soldán de Babilionia. 

 León V, rey de los armenios por aquel entonces, fue trasladado a El Cairo y hecho prisionero. León, vivió recluido mientras enviaba cartas a toda la cristiandad buscando un pagador de su liberación.

  La suerte le sonrió  tras siete años, cuando sus emisarios llegaron en 1382 a Medina del Campo. En la villa castellana, el rey Juan I se apiadó del destronado armenio y presto mandó emisarios a pagar el rescate.

   Hasta El Cairo llegó la embajada de Juan de Loric, cargada de joyas y de gerifaltes y halcones, unas aves de las que carecía el soldán. Así, el león fue salvado por las aves y partió hacia Castilla para conocer a su valedor.

    Más de un año después de salir de El Cairo, llegó León a tierras castellanas. El rey Juan decidió nombrar a León señor de Madrid, Andújar y Villareal, hoy Ciudad Real. Tres ciudades y una renta de ciento cincuenta mil maravedíes.  De esta forma León V de Armenia pasó a ser León I de Madrid y la villa se convertía, en teoría, en la capital de Armenia.

   La llegada de León a Madrid no fue como él se esperaba. A los madrileños no les hizo ni pizca de gracia que les impusiesen un rey extranjero. Pronto empezaron a circular coplillas por la ciudad. «Dicen que de la Armenia nos viene un señor, guárdenos Dios de tan real favor» o «si la villa fuera silva la guardaría el León. Mas es tierra castellana, no queremos tal señor», pronto se convirtieron en los lemas del pueblo contra el nuevo señor.

   A las críticas del populacho, pronto se sumaron las voces del consejo y de la nobleza que no veían con buenos ojos que un extranjero, por muy rey de Armenia que fuese, les gobernase desde su atalaya del Manzanares.

   Fueron los nobles los que hicieron caer en la cuenta a Juan I del grave error que había cometido, entregando un «reino» dentro de su reino. Sin perder el tiempo y antes de que el armenio se percatase, el rey firmó una cláusula en la que dejaba claro que la donación había sido a León y no a Armenia, por lo que cuando éste muriese, el título moriría con él.

  Espantados los miedos de los madrileños, León se tomó en serio su puesto de «alcalde» y para satisfacer al pueblo emprendió diversas medidas como bajar los impuestos o no despedir a ningún funcionario de la villa. El monarca armenio también tuvo tiempo de acometer obras en el alcázar e intentar relacionarse con el pueblo llano, pues según cuentan las crónicas, le gustaba pasear por las embarradas calles del Madrid medieval sin escolta alguna.

  Pero por mucho que León intentase ser un buen alcalde de la villa, nunca cejó en su empeño de recuperar su querido reino. Por eso, al poco tiempo partió hacia el reino de Navarra en una nueva gira para solicitar ayudas económicas. En Pamplona no encontró la ayuda suficiente, por lo que se desplazó hasta Francia en busca de mejor suerte. 

 En París, el «bien amado» Carlos VI de Francia, tampoco se dejó convencer por León y su empresa. A cambio, el francés le cedió el castillo de Saint-Ouen y unas rentas para que su pena fuese menor. Unas nuevas posesiones que no dejaron tampoco tranquilo a León, que en un último intento por ganarse nuevos aliados a su causa, dedicó los últimos años de su vida a interceder en la Guerra de los 100 años entre ingleses y franceses, con la ilusión de que éstos aparcaran sus diferencias para unirse en una gran cruzada para liberar Armenia.

    El 29 de noviembre del año del Señor de 1393, León V de Armenia y I señor de Madrid fallecía en París. Moría lejos de su tierra y sin haber logrado su gran anhelo: recuperar la corona del último reino cristiano de oriente.

   Los restos del rey que hizo de Madrid la capital de Armenia reposan en la basílica de Saint Denis junto con los monarcas de Francia a la espera de poder volver un día a la tierra que le vio nacer.

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