Sorprende encontrar una puerta de tipo monumental tan lejos del centro histórico, pero hay que tener en cuenta que su actual configuración, a modo de entrada triunfal, es el resultado de una reciente intervención arquitectónica, que modificó significativamente su trazado inicial, su emplazamiento y su estilo artístico.
A finales del siglo XIX, la quinta fue adquirida por Pedro Tovar Gutiérrez, quien la transformó en un complejo agrícola-industrial, dándole el nombre de Huerta de la Salud, que es el que se mantiene en la actualidad.
La puerta en 1999, fue sacada del edificio en el que estaba encajada y llevada, como un conjunto independiente, a una explanada del Parque Huerta de la Salud.
Con tal fin fueron incorporados elementos arquitectónicos completamente nuevos, ya que la puerta no fue diseñada para estar aislada, sino como parte integrante de una cerca, que, como se acaba indicar, dejó paso más adelante a una edificación.
Con todos estos añadidos, se limó la apariencia tardobarroca que la puerta tuvo cuando que fue construida, adoptándose un aire netamente neoclásico.
Aunque se ha respetado fielmente la disposición que tuvieron en sus orígenes, sus dimensiones no parecen las adecuadas en el contexto actual, con una estructura mucho más grande que antes, al haberse añadido dos cuerpos laterales.
El frontón, en concreto, resulta demasiado pequeño teniendo en cuenta el ancho y alto que ahora mismo presenta la puerta (6,30 x 5 metros, respectivamente).
La cara meridional es de nueva factura y, tal vez por ello, resulta algo más armónica. Se trata de una fachada de sillares almohadillados, enmarcada por dos medias columnas dóricas, que sostienen un entablamento simplificado.





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