
El aceite de oliva, el de toda la vida, se ha convertido en oro líquido gracias a la codicia y a la falta de escrupulos de unos pocos que suben y suben su precio, cuando el aceite de hoy es el recogido y tasado en el mes de enero pasado.
Quiero rendir pleitesia al olivo de mañana, al de hoy y al de hace siglos, esos olivos callados que ven como pasan humanos descerebrados por debajo de sus ramas, mientras que ellos se dedican a lo suyo, a dar las más y mejores aceitunas para acompañarnos en nuestra vida.
Fotografía: J Ruiz








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