La biblioteca es un tesoro de más de 170 años que alberga el Congreso. Se construyo en madera de cedro y caoba levantada en cuatro pisos en 1853, con cierto sabor inglés y con bóveda ovalada que representa una alegoría de las leyes y que fue pintada por un antiguo funcionario de la Cámara, letrado mayor.
La biblioteca del Congreso mantiene la misma función con la que nació durante la regencia de María Cristina, cuando los primeros procuradores acudían a asesorarse para hacer las leyes. Hoy se adapta al siglo XXI con materias tan diversas como la eutanasia o las criptomonedas. Cada año incrementan la colección de la biblioteca en más de 3.000 recursos, también en formato electrónico.
Y es que en esta biblioteca, en la que aún se aprecian las vitrinas acristaladas identificadas con números conviven desde manuscritos del siglo XV o incunables procedentes de conventos, de donaciones de parlamentarios del siglo XIX o de procesos de compra de otras bibliotecas antiguas, hasta una extensa bibliografía sobre la eutanasia o sobre las fronteras territoriales de jurisdicción de aguas.
Actualmente, la biblioteca apenas recoge el 10 % del conjunto documental. Alberga cerca de 330.000 volúmenes, pero también hay que contar que hay mas de 40.000 libros electrónicos, además de una gran variedad de revistas. En total, en catálogo hay más de 500.000 referencias.
Y en medio de un silencio sepulcral resuena el tintineo de las horas de uno de los relojes más importantes del Congreso, una pieza adquirida en 1870 que bien podría encontrarse en una antigua estación de tren.

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