Ubicado en el número 7 de la calle del Marqués de Riscal, ocupa una parcela de 3609 m² y la superficie construida alcanza los 10 800 m². Está realizado en diferentes estilos, entre los que cabe destacar el eclecticismo de la fachada principal, el neomudéjar presente en algunas partes del interior y la arquitectura del hierro característica del siglo xix.
Su construcción comenzó en 1893, con un presupuesto aproximado de unas 500 000 pesetas. Se debe a un diseño del arquitecto Joaquín Rucoba, autor de la Plaza de toros de la Malagueta, el mercado y el parque de Málaga, así como la Casa Consistorial de Bilbao, entre otras obras.
Su núcleo central lo conforma una cancha al aire libre, de 67 m de largo, 20 m de ancho y 11 m de alto. Alrededor de la misma se extienden las gradas, que rodean la pista por sus lados oriental y meridional, dibujando una planta semi-elíptica.
El graderío tiene una capacidad aproximada para 4000 personas y se articula en cuatro plantas, cerradas al interior mediante balcones con barandillas y comunicadas entre sí a través de escaleras de madera. Se sostiene por medio de un entramado de columnas y vigas de hierro forjado, algunas de ellas curvadas para dar inclinación a las gradas, y presenta cubierta de madera. En los techos se conservan restos de frescos.
Fue inaugurado en la primavera del 1894 y estuvo en funcionamiento hasta el año 1919.
Luego de dedicó a diversas actividades. Hay constancia de que Leonardo Torres Quevedo lo usó entre 1904 y 1906 como Centro de Ensayos de Aeronáutica. Con la Guerra Civil durante la defensa de Madrid sus instalaciones fueron reconvertidas en comisaría y, durante los primeros años de la dictadura franquista, sirvió como lugar de ensayo de bandas musicales vinculadas a la Falange Española. A mediados del siglo xx, se vendió a la compañía automovilística Citroën, que lo utilizó como taller de reparaciones.
En 1997 fue comprado por 2,3 millones de euros por la sociedad vasca Frontón Jai Alai, que inicialmente pretendía su recuperación para uso deportivo. Posteriormente, la propiedad pasó a manos de la empresa Aguirene.
En 2010 el Ayuntamiento de Madrid inició un proceso de expropiación, finalizado en el año 2015, y pagando por él la cantidad de 7 millones de euros. El 8 de mayo de 2017 finalizaba la primera fase de rehabilitación. La segunda fase terminó el 13 de junio de 2019, tras la que se organizó una jornada de puertas abiertas para reabrir al público este patrimonio, 125 años después de su construcción.
Beti Jai (‘siempre fiesta’ en euskera) es un testigo vivo del auge del juego de pelota vasca a finales del siglo XIX, cuando este deporte estaba de moda en Madrid.
Fotografía: J Ruiz
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