sábado, 15 de junio de 2024

Puentes de Madrid. Fuentidueña de Tajo

   

  Fue construido sobre el cauce del río Tajo, en la segunda mitad del siglo XIX, por la compañía Eng. Imbert et Cie., que ganó un concurso al que concurrieron once empresas metalúrgicas.​

  Se trata de un puente de palastro de tramo recto, que sigue un modelo habitual en las construcciones de hierro de la segunda mitad del siglo XIX, cuando este tipo de estructuras comenzó a reemplazar a los viejos puentes en arco.

   Se alza sobre el mismo lugar del puente destruido en 1866. Los estribos de éste fueron aprovechados como soporte del puente actual, si bien se incrementó su altura, en previsión de posibles crecidas del río. Los estribos tienen una anchura de 7,5 m.   

  El puente de Fuentidueña integra dos tramos, cada uno de ellos conformado por dos vigas rectas en celosía, con montantes rígidos. El tablero, que mide 65,2 m de largo y 6 de ancho, se sostiene mediante viguetas de doble T.

   La pila consta de un par de columnas de hierro, cilíndricas, verticales y huecas, pero rellenas de hormigón,​ unidas entre sí por un panel en forma de cruz de San Andrés.

   Por el puente pasaba una calzada de 4 m de ancho, reservada a los carruajes, y un andén peatonal, de 1 m. En la actualidad, sigue estando permitido el tráfico rodado de vehículos. 

   El puente fue una iniciativa de la desaparecida Diputación Provincial de Madrid, que pretendía consolidar el camino hacia la provincia de Cuenca y a las regiones mediterráneas, en el que Fuentidueña de Tajo era paso obligado. Esta vía, que comunicaba las ciudades de Madrid y de Castellón de la Plana, había recibido en el siglo XIX la categoría de carretera de primer orden.

   Hasta su apertura, el cruce del río Tajo se realizaba, en ese punto, mediante un primitivo puente colgado, que fue destruido por el general Prim en 1866 en su huida hacia Levante.   

  El proyecto fue encargado al ingeniero Rafael Monares en 1867. Este primer proyecto primitivo lo modifica José de Echevarría, quien contrató los servicios de la compañía francesa Eng. Imbert et Cie., después de contactar con un total de once empresas metalúrgicas.

   Su construcción se inició en 1868 y se extendieron tres años, inaugurándose finalmente en 1871. 

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