La biblioteca del instituto de San Isidro se encontraba en el mismo edificio donde se hallaban algunas facultades de la Universidad Central, como la de Filosofía y Letras, de tal manera que ambas bibliotecas compartían un mismo edificio, lo que ocasionó no pocas confusiones. Por esta razón, la biblioteca no recibió fondos de la desamortización.
La primera catalogación de los libros de la biblioteca del Instituto de San Isidro de la que se tiene noticia es de 1853. En la década siguiente, en la Memoria del instituto del curso 1861-62, se plantea por vez primera la necesidad de habilitar una sala del instituto para una pequeña sala de lectura. Por esos años, los catedráticos empiezan a demandar la formación de una biblioteca propia que recoja las publicaciones más recientes que en cada una de sus materias se están editando tanto en nuestro país como en el extranjero. Gracias a donaciones y a compras se empieza a crear la biblioteca. Cuando en 1874 el Estado se vuelve a hacer cargo del instituto, antes había estado bajo el gobierno de la Diputación provincial, el presupuesto del San Isidro pasa a formar parte del presupuesto general de Instrucción Pública y las partidas para material se elevan, por lo que se destina cierta cantidad de dinero a la adquisición de libros.
A pesar de esto avances, la situación de la biblioteca del San Isidro a finales del siglo XIX no era muy alentadora, pues no disponía de un lugar adecuado para la colocación ordenada de los libros; se carece de bibliotecario, la financiación es escasa, el fondo está sin catalogar y los usuarios son preferentemente los profesores. A pesar de ello, la biblioteca fue incrementando su tamaño principalmente debido a donaciones, como la que hizo, en el curso 1915-16, la viuda del que fuera director del instituto, Sandalio Pereda Martínez, que donó su biblioteca particular, con lo que la del centro vio aumentar en 8000 ejemplares, con varios tratados de ciencias, de literatura, folletos y revistas.



No hay comentarios:
Publicar un comentario