viernes, 19 de abril de 2013

Mi mundo gatuno y yo. Capitulo 5

    Han pasado varias semanas y Gala no ha vuelto a presentarse. No hablamos de él, pero yo sé que dentro de la familia hay mucha tristeza por su pérdida. El jardín no es igual, paseo por él y espero que me salte a las piernas o verle subido en la higuera como un puma. Eso ya no pasa. Todos le echamos mucho de menos.
    A penas hace un rato que hemos llegado de Madrid. Estoy regando unos árboles y, desde hace un rato, parece que oigo maullar levemente a un gato. Pensando que podría ser Gala, le he llamado con insistencia, "chito, chito, chito" pero nada, ninguna respuesta. La alegría que he experimentado al principio se ha convertido en abatimiento después. Me debo estar volviendo un poco loco.  
     Al terminar de merendar, he traído a mi hija para ver si ella también escucha algo, pero no, no ha escuchado nada. Al poco  de irse, se ha oído otra vez la voz apagada de un gato. ¡Será posible ! Ahora voy a poner máxima atención para dar con el sitio desde donde salen los maullidos.
      Todas mis pesquisas terminan siempre en el garaje y aquí he revuelto Roma con Santiago y nada de nada, además cuando entro en el garaje  dejo de oír el levísimo maullido. Estando en esta tarea, llega mi tío, me mira y, sonriendo, me pregunta: ¿Le has visto?
     Me cuenta que le han dado un gatito pequeño, que le ha tenido en su casa unos días para asegurarse de que comía solo y me dice también que ayer le dejó en el garaje. ¡Pero, bueno! ¡Qué alegría! Ahora ya, sabiendo que hay un gato, solo falta encontrarlo. Así que manos a la obra.

     En pocos minutos el garaje  se convierte en el cuarto de un loco. Hay chismes por todos lados y el gato sin salir y, ahora además, está en silencio. Me siento en una silla y me digo: "Piensa, piensa. ¿Dónde te meterías tú si fueras gato? ".
    ¡Ya está!, ¡Ya está!, delante de mí tengo un coche que usamos para movernos por el pueblo, abro el capó del motor y entre las piezas veo algo moverse: es él. Meto la mano con cuidado y, a pesar de su resistencia, sus bufidos, gruñidos, y todo tipo de ruidos intimidatorios, consigo cogerlo de la piel de detrás de la cabeza, sitio de donde las madres los cogen para su transporte.
   Saco la mano y ante mí, aparece un gatito color canela, muy, pero que muy enfadado. No para de bufar -de "echar flores", como se dice en La Mancha-.
¡Qué bonito! Es una bolita de algodón, de algodón sucio, eso sí. Lo limpiamos como podemos y, una vez aseado, lo observamos con detenimiento...  ya está: su nombre será Cara Fina -por su carita tan fina y alargada. Es un belleza de gatita.



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