La calle de Alcalá es una de las arterias principales y con más solera de todo Madrid.Se ha convertido en uno de mis paseos dominicales preferido. Es una ruta circular con constantes subidas y bajadas; la recorro primero, por la acera de la derecha y luego, por la de la izquierda: de la Puerta del Sol a Canillejas y viceversa. En total 22 km, más a menos.Inicio la ruta en la Puerta del Sol, plaza emblemática en la que se ubica la Casa de Correos,-hoy sede de la Comunidad de Madrid, antes edificio de Gobernación donde residía la tristemente célebre brigada político social, con sus torturadores y todo. Siempre presidida por el mismo reloj, el encargado de dar las campanadas de fin de año. Frente a la fachada, apenas se adivina la piedra que marca el km cero, punto de partida de todas la carreteras radiales del país, el punto de encuentro de los visitantes a Madrid.
La calle de Alcalá compendia, a lo largo de su dilatado recorrido, lo que es la ciudad de Madrid y sus moradores. Podemos dividir su trazado en cuatro tramos; cada uno de ellos presenta características muy particulares, al igual que sus habitantes. Son tan notables las diferencias de cada tramo que la calle se mantiene unida únicamente, por el asfalto de la calzada.
El primer tramo, de Sol al final del parque del Retiro, reconocemos la ciudad aristocrática y monumental del dinero y el poder político. El segundo tramo -entre las calles Menéndez Pelayo y la plaza de las Ventas- es el Madrid de las tiendas y del glamour, el que está habitado por la burguesía, por los nuevos ricos, por las clases medias altas, pero con pretensiones. En el tercer tramo, la calle va ascendiendo, en una ligera pendiente, de Ventas a Ciudad Lineal. Aquí el pequeño comercio y los bares de barrio van ganando el terreno. El bullicio, la mezcla de culturas y de razas animan sus aceras, casi a cualquier hora del día . Se afanan en un continuo ir y venir sus habitantes de clase media y baja. La multiculturalidad mezcla las colonias de sudamericanos con los grupos de marroquíes. Como un río que se precipita a su desembocadura, llegamos al último recorrido de la calle, el que va de la Ciudad Lineal a la Nacional II. Aquí la calle, próxima a su final, se convierte en una síntesis de sus anteriores vidas: hay modernidad, casas bajas, fincas de campo, edificios de lujo, pisos de la obra sindical franquista , pincelas de suburbio... Los habitantes son acordes a las edificaciones. Este tramo tiene algo especial de lo que carecen los demás tramos de la calle: el olor a campo y a espigas mojadas por la lluvia.Pasear por esta singular calle enseña al caminante que, en una vida, hay muchas vidas y que una calle, una sola calle de la ciudad se convierte en un crisol de los pueblos y culturas que habitan en esta, a veces, inhóspita y siempre bonita y acogedora Madrid.

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