Cuenta una leyenda que en los tiempos en que se creo el universo, una joven estrella hizo una confesión a la Luna, su ama y señora.
Le estrella dijo que sentía envidia de todo aquello que vivía en la Tierra y que deseaba abandonar el firmamento para convertirse en Flor.
La Luna despechada y enfadada decidió vengarse enviándola a una de las montañas más altas de la tierra.
Allí, la afortunada estrella, bañada por el manto blanco de la nieve se transformó en una de las flores más bellas, de petalos del color de la luna.
Lo que no sabía es que finalmente estaría siempre sola, casi imperceptible para la gente, en lo más alto de la montañas.

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