viernes, 8 de agosto de 2014

¡Que Dios nos pille confesados!

  Aunque sea políticamente incorrecto, insolidario, falto de humanidad, egoísta y todo lo que se pueda decir y criticar, tengo la obligación moral de manifestarme en contra de la decisión de nuestro gobierno de trasladar a Madrid a los dos cooperantes  religiosos infectados con el ébola.
  No entiendo cómo se puede poner en peligro a toda la población con el traslado de personas infectadas de enfermedades de curación incierta y de propagación probable. ¿Cómo puede prevalecer el deseo de unos pocos ante la salud de un país? ¿Estamos seguros de que el protocolo sanitario es seguro al 100 por 100? ¿Se conoce perfectamente cómo se debe tratar a los enfermos de ébola ? ¿Se sabe todo sobre el ébola y su contagio? ¿Estamos preparados para una gran pandemia de ébola? ¿Creen ustedes que el sacerdote enfermo estaría de acuerdo con la decisión de trasladarlo a España? ¿Se actúa de igual manera en situaciones similares? ¿Qué trato reciben los ciudadanos con enfermedades raras? ¿Qué ha pasado con la española que pidió ayuda desde Argentina? ¿No era monja? ¿No tenía pureza de sangre? ¿Tienen los gobernantes derecho a poner en peligro a sus gobernados? 
  Espero que este grave asunto termine en anécdota y que sea otra más de las desacertadas decisiones de este gobierno desnortado y taciturno. Deseo con todo mi corazón que sanen todos los enfermos, españoles o no españoles,  y que el señor Rajoy y su ministra Mato no alcancen el galardón de ser los introductores oficiales del ébola en Europa.
   De todas formas, sabiendo de su oportunismo, sabiduría y buen hacer, no tengo por menos que exclamar: ¡Que Dios no pille confesados!

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