viernes, 31 de octubre de 2014

Ezeiza. Lo que esperaba encontrar y encontré.

    Antes de abandonar San Sebastián y continuar viaje a lo largo de la cornisa Cantábrica, quiero hacer un homenaje a las gentes agradables, simpáticas y acogedoras  que están en armonía con su ciudad. Esas gentes que te gusta encontrar cuando sales de tu entorno. No siempre es fácil.  
     En las proximidades de la catedral fuimos a topar con un señor que nos ofreció una propaganda de una bodega o vinatería, como llaman por aquí. El señor, muy amable, se ofreció a darnos consejos sobre vinos, quesos, pacharán y otros productos de la tierra.
     Este hombre, a pesar de querer hacer negocio y captar clientes giris, desprendía buen rollo. Eso precisamente es lo que, pasadas unas horas, nos llevó a visitar  su local. 
     Si en la calle el señor rebosaba amabilidad y cortesía, en su casa nos hizo sentir como si nos conociéramos de toda la vida.
      Nos enseñó la tienda y las trastiendas, nos contó su vida, nos relató cómo él y un primo suyo se quedaron con el negocio familiar y cómo ahora tomaba el relevo uno de sus hijos. Nos habló sobre las preferencias de los extranjeros; nos explicó que dispone de botellas de elevado precio y  calidad que, a veces, tiene que suministrar de urgencia a restaurentes de postín de Donostia.  
   Pasamos más de una hora en su local, pero la charla fue tan amena que el tiempo se nos hizo corto, hablando de txakolíes,  de patxaranes y  de quesos de Idiazabal. Nos invitó a probar sus productos y nos despedimos como se despide uno de un amigo de toda  la vida.
     Días después, degustando los productos que adquirimos, evocamos la cordialidad, la simpatía y gentileza de este bodeguero honrado. Volveremos, nos dijimos, frente a  un vasito de txacolí. 
    
    A vosotros, amigos blogeros y facebukeros, os recomiendo una visita al local, no os arrepentiréis.

     







943 46 68 14
Prim, 16
20006 DONOSTIA (GUIPUZCOA)




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